Es casi un lugar común el disco de break up. Un lugar común y no, el fracaso sentimental (¿es fracaso o sólo es el fin de una adicción?) se vive de una forma tan diferente en cada cuerpo, que las canciones de desamor pueden sonar abismalmente distintas unas de otras. Porque parece que el dolor es casi, o incluso más inspirador que el amor, y que hasta los músicos que no bajan a nivel de piso (Bob Dylan, por citar un ejemplo) sufren como tú o como yo.

TXT: Alina Álvarez Etchegaray

Lo que no es tan común es encontrar dos discos, creados casi paralelamente, de dos artistas que hablan de un mismo break up. Tal es el caso de Any human friend de Marika Hackman y Good at falling, de Amber Bain mejor conocida como The Japanese House,  a quien pudimos ver en el Corona Capital este año. Bain y Hackman pasaron cuatro años juntas, terminaron y escribieron un disco cada una. El resultado no es tan parecido, sin embargo los álbumes comparten una cosa, parecen estar escritos sin filtros; emociones crudas al alcance de una cuenta de streaming.

En el 2017, en una entrevista con V Magazine, Bain explicó lo que implicaba para ella tener una relación con otra artista: “Cuando estás en una relación con alguien que es también un músico, cualquier discusión o cualquier cosa que pase, puede ser una situación de la que la otra persona escriba”. Queda implícito, entonces, el permiso otorgado tanto a sí misma como Hackman, para descomponer y recomponer la relación a través de canciones, a través de música inspirada en su break up. Para algunos afortunados, crear es como gritar.

“Es terapia, pero también es tortura emocional” dijo Bain, refiriéndose a su canción i saw you in a dream, que si bien no habla de Marika, guarda una correlación fuerte con su historia, y es un salto en caída libre al dolor emocional. En general el álbum suena nostálgico, como si Bain fuera la víctima resignada del fin de una relación. Su punto de vista se mantiene pasivo, limitándose a explicar lo que las acciones de la otra causan en ella, como una brillante espectadora de sí misma.

Las canciones de Marika caen en un territorio totalmente distinto; the one es sólo un ejemplo de las letras con las que Hackman se auto-destruye: Sold out, I’ve given up my soul now. I thought that I could be unique, fuck it, I am just so weak. Love me more, I need to be adored”. Y aunque, la artista parece en guerra con su propia identidad, no hay apologías ni palabras de arrepentimiento, “Any Human Friend” parece la liberación de una bestia.

Al escuchar ambos discos con atención, se puede detectar un ligero paralelismo, el declive casi imperceptible, lento pero constante, de una relación: “We don’t touch anymore, But we talk all the time so it’s fine”, The Japanese House. Y luego los mecanismos de supervivencia, las relaciones superficiales en las que Hackman parece refugiarse, con cierto odio hacia sí misma: “We never have to talk, you just take your tongue, and press it up against my mind”.

Bain habla de dolor sin dramatizarlo. Marika habla de una suerte de despecho, que ella misma provocó. Y sin que ninguna se victimice, parece claro que comparten su dolor con un ánimo casi exhibicionista, como quien crea una obra desde el interior y no para un público. Es eso, y no las guitarras de Hackman o la extraordinaria simpleza de Bain, lo que hace a los dos discos tan especiales. El desamor, a fin de cuentas, es amor.