Yo conozco ese lugar

“Zeta” Bosio va a las entrañas de Soda Stereo mientras cuenta su vida

Por Juan Carlos Hidalgo

La raíz del conflicto era que, en la medida en que la banda fue haciéndose más y más grande, los derechos de autor se convirtieron en el ingreso principal de la maquinaria Soda Stereo. Charly y yo habíamos quedado totalmente fuera, como si desde el punto de vista de Gustavo apenas fuéramos dos músicos que tocaban en vivo. Por lo tanto si no había giras ni conciertos, Charky y yo estábamos en problemas”.

En abril del 2016 aparecía publicada en Argentina la autobiografía de quien fuera el bajista de una de las bandas más grandes en la historia del rock no sólo de aquel país sudamericano sino de Latinoamérica entera. En torno a Soda Stereo se ha construido una enorme leyenda llena de claroscuros y el grupo cuenta con una enorme base de seguidores que mantienen vivo su legado, tal como lo demostrara el espectáculo del Cirque Du Soleil en fechas recientes.

No se entiende entonces que un grupo editorial como Planeta considerara que el texto básicamente estaba dirigido al público argentino –¡un error tremendo!-. Es una lástima que muchos libros que se editan en tierras pamperas no puedan conseguir en otros países –con México en el centro-. Mucho tenía por contar Héctor “Zeta” Bosio, nacido en San Fernando en 1958, ya que no sólo su vida como músico resulta muy interesante, sino que ha atravesado por otros capítulos existenciales de gran calado.

De entrada, hay que reconocer que Yo conozco ese lugar es una entrega mucho más sincera, con un valor humano y honestidad de la que carece la biografía de Gustavo Cerati y algunos otros libros que compendian a la banda. Tras la lectura de aquellos libros surgía la sensación de que faltaban muchas cosas por contar, por dejar bien en claro o de plano que le faltaba sinceridad. Es por ello que en la cita que abre esta entrega de entrada ya nos deja en claro el meollo de los problemas entre el trío. Gustavo siempre se mostró inflexible en cuánto los derechos de autor y el punto de “Zeta” es que aunque las canciones les llegaban ya avanzadas, él y Charly aportaban suficiente para completarlas, desarrollar sus estructuras y hacer los arreglos.

Pero si he de resaltar la parte más absolutamente conmovedora, esta se concentra en el fallecimiento de su hijo Tobías y el proceso de recuperación de Simón, que quedó con severas quemaduras en todo el cuerpo. El 4 de julio de 1994 sufrieron un accidente de auto cuando una vecina los llevaba al kínder. Simón sobrevivió de milagro. “Gustavo también estuvo, pero por alguna cuestión el tema le pegó fuerte, de una manera extraña. Acababa de tener a Benito con Cecilia y estaban shockeados. Se habían ido al norte, así que apenas los vi”. A todas luces se trató un trance amarguísimo y casi imposible de superar (tiempo después tendría dos hijos más –niño y niña-).

Ahí se concentraron las sombras, pero Yo conozco ese lugar tiene muchos otros momentos más luminosos. Como el viaje de un año que realizó alrededor del mundo a bordo de una fragata de la marina argentina tras finalizar el servicio militar. Un muy joven Bosio formaba parte de la banda militar y un grupo versátil. En ese viaje iniciático se dio cuenta de que le podían pagar por tocar.

También lo acompañamos remontándose hasta su infancia en compañía de su familia de origen italiano y formando parte de sus negocios; se sumó a aprender las bases de un taller de torno y al mismo tiempo de la preparación de embutidos (Salami Bosio). Los esfuerzos de sus padres le permitieron asistir a una universidad privada y ahí mismo conocer a Gustavo, compartiendo estudios de publicidad.

A “Zeta”, cuyo apodo en realidad viene de “Cetáceo” y no de una supuesta costumbre de llegar siempre al último, debemos una obra que transpira calidez, que repasa con justicia los problemas por lo que pasa un grupo que se convierte en una mega-empresa y no lima en ningún momento ni el tema de las drogas nila guerra de egos. Por ejemplo, la compañía ponía en la contabilidad que le pasaban al papá de Cerati la compra de dichos estimulantes como si fueran “libros y revistas” y el hombre les decía: -¡Pero cuánto leen en las giras!-.

Las anécdotas interesantes se suceden una tras otra; lástima que el cuidado editorial no haya sido el óptimo y no sólo existan errores ortográficos sino también con algún nombre. Pero digamos que no lastra a la impactante aventura de leerlo; es así como nos enteramos que durante la promoción de Signos en México conocieron a The supremes y las invitaron a sumar unas voces para el disco en vivo en el que trabajaban o cuando tras tocar en 1990 en el estadio de Velez junto a Tears for Fears, la gente se fue en su mayoría para apoyar a Soda y luego se vino una tormenta que terminó con el concierto; al otro día un periodista “famoso” publicó una nota que incluía que sonaron canciones que en realidad jamás se tocaron.

Acerca de México da cuenta de su relación con las bandas de aquel momento –Caifanes y Tacvba, entre ellos- y la manera en que apoyaron al regreso de los conciertos masivos al país haciendo tres fechas en el viejo Auditorio Nacional. Aunque más que la cronología de la banda, resulta conmovedor conocer las tribulaciones de un músico por mantenerse vigente, por lograr llevar una vida familiar y luego probar suerte como conductor de TV, Dj y ejecutivo discográfico independiente y corporativo. Fue alguien que capoteó muchas dificultades y supo reinventarse desde cero en varias ocasiones (hasta la crisis financiera acabó con sus ahorros).

Aquí tenemos a un padre ayudando a su hijo a comenzar su grupo y un hombre que enfrenta un divorcio muy incómodo para luego rehacer su vida con una nueva pareja mucho más joven. Yo conozco ese lugar es un libro real, escasamente maquillado o censurado; es la narración desde una perspectiva bien clara y en la aparecen una y otra vez pruebas de una amistad gigante con Cerati, no exenta del complejo trato con alguien que se iba haciendo leyenda. De hecho, este muy recomendable libro se detiene al poco tiempo de que Gustavo abandonara este plano: “Logré formar una nueva familia, de la cual estoy muy orgulloso, y que agrandamos en 2014 con la llegada de Anastasia Roma, curiosamente un mes después de que Gustavo nos dejase, como un símbolo del ciclo de la vida, que todo el tiempo vuelve a empezar. Nuevas chances, una vuelta más”.

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