Vinnie Paul, polvo son y en polvo se convertirán nuestros ídolos

#ENMISTIEMPOS

POR ARTURO J. FLORES

Por salud física y mental, mando a dormir a mi celular antes de hacerlo yo. Parto del supuesto que ante una verdadera emergencia, me llamarán al vetusto teléfono de mi casa. El que se muere de hueva y se llena de polvo en un rincón. Al que la modernidad le declaró la hiel del hielo. Porque hace mucho que nadie le habla.

El diablo quiso que el sábado por la noche se me olvidara silenciar las notificaciones de mi móvil. También que despertara el domingo de madrugada y lo revisara, cosa que también por hábito, evito. Me desconecto de mis artefactos para ofrecer descanso al gadget que más atesoro: mi estoico cerebrito.

Pero esta madrugada de domingo sí chequé la pantalla. Ahí aguardaba el pajarito azul de malagüero. Un tweet que daba cuenta de la muerte de Vinnie Paul. El baterista de Pantera y Hellyeah alcanzó a su hermano Darrell Lance Abbott en el Más Allá.

Hacía mucho que el fallecimiento de una celebridad no me afectaba.

Pero esa madrugada, mientras mi familia dormía y con la oscuridad tomando esas formas misteriosas que acostumbra cuando nos envuelve, fui consciente otra vez de mi propia fragilidad.

No hace mucho platicaba por WhatsApp con Caro. Un día después del Hell and Heaven. Me contaba lo emocionada que se sintió de ver a Marilyn Manson en vivo. Yo en cambio le externé mi profunda decepción por el lastimero performance que ofreció el Reverendo. El sonido, su descuido personal, el abuso de las drogas y sobre todo, la inevitable erosión de los años han convertido al Anticristo Súperestrella en una viñeta de sí mismo.


Molesta, Caro me escribió algo regresó como un proyectil a mi cabeza el domingo en la madruga, mientras leía la noticia sobre Vinnie Paul: “pues mientras Marilyn esté ahí, tocando, sé que todo estará bien”.

No se trata de Manson moviéndose con la gracia de una foca ni de Vinnie Paul sucumbiendo a un infarto. Se trata de nosotros. De Caro, de mí y de quienes crecimos en los 90. Los que nos metimos al slam, los que nos aprendimos las letras de Pantera porque nos sentíamos un escaloncito más rudos, los que observamos con resignación cómo se desmoronan nuestros ídolos musicales.

Porque –entiéndanlo– cuando los veíamos sobre el escenario, a sus (nuestros) veintes, parecían inmortales. Como si nunca se fueran a marchitar.

La música posee ese hechizo. Nos cuenta una mentira maravillosa. Un cuento de hadas que nos tragamos como el adicto lo hace con sus tachas. Para evadir la realidad. Cada vez que suena un disco de Manson o de Pantera, en la cabeza se dibuja otra vez esa fantasía en la que los dioses del rock hacen que los truenos estallen sobre la tierra. En los discos nadie engorda, se desmaya o pierde la voz. Ninguno deja de parecer una bella estatua griega.

Pero la muerte de Vinnie me recordó que la leyenda de Dorian Grey duele porque es verdad. Porque si escucho una canción, Pantera no envejece. Ahí están, digamos, Fucking Hostile o This Love, sonando idéntica a como lo hacía 20 años en el pasado. Pero en la realidad Pantera no volverá nunca. Porque a uno de sus integrantes lo asesinó en el escenario un desquiciado. Y a otro se lo llevó un corazón que falló.


Hoy platico un poco más con Caro. Coincide con el pesimismo que me aqueja esta mañana. “(Los músicos que mueren) se llevan algo que nosotros ahorita, apenas tenemos tiempo de recordar por culpa de la vida misma”, me dice.

Y mucho hay de eso. Porque a veces estoy tan ocupado que se me olvida que una vez tenía tanto tiempo que me daba el lujo de derrocharlo.

Esa noche releí los tres párrafos que había sobre Vinnie Paul varias veces. Pensé en las tres veces que vi a Pantera en concierto. Entonces estaba enamorado de una compañera de clases que nunca me hizo caso, usaba pantalones talla 28 y bebía leche entera.

Su partida me recordó mi propia insignificancia en el mundo.

Y si tienes 20, 25 ó 27 quizá pienses que estas líneas –si has llegado hasta aquí muchas gracias– son sólo los disparates de un viejo prematuro.

¿Has pensando cómo te sentirás cuando se muera Kendrick?

¿Banks, Cyrus, Balvin, Lorde o Sheeran?

Ojalá no pille de madrugada, cuando todos en tu casa están dormidos y las sombras adopten formas extrañas encima de tu cama.

Hemingway escribió: “Uno puede mantenerse firme como una roca ante cualquier situación durante el día, pero por la noche es otra cosa”.

 

Foto por MetalSucks

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