Verónica: ¿realmente es lo que promete?

TXT: Toño Quintanar

Existen múltiples formas de publicidad bastante despreciables pero no cabe duda de que la peor, la más insidiosa, es aquella que nos repite hasta el cansancio una verdad a medias con el fin de legitimarla dentro de nuestro fuero sensible.

La postverdad es un asunto bastante peligroso –el actual régimen de Donald Trump es una de sus muestras más potentes-, ya que sus alcances pretenden hacer de una mentira descarada algo factible. Mismo mecanismo que, por supuesto, encuentra en el tan actual fenómeno del mame a uno de sus esbirros más fieles.

Es así como nos topamos con la Verónica (2017) de Paco Plaza, cinta que, durante los días más recientes, se ha ganado una suerte de estatus de culto por parte de supuestos “usuarios” de Netflix –sin duda alguna, un descarado mecanismo publicitario gestado por la propia plataforma de streaming- quienes aseguran que ésta es la cinta de terror más escabrosa de los últimos tiempos.

¿De qué va esta producción? Verónica (Sandra Escacena) es una joven adolescente quien, después de jugar a la ouija con algunas amigas de la escuela durante un eclipse, comienza a ser acosada por una entidad demoniaca la cual no se detendrá hasta transformar su vida en un infierno.

El argumento ya lo conoces de sobra y no es como que esta cinta le añada cosas novedosas al tema. De hecho, parece que estamos observando una trama que fácilmente pudo ser extraida de cualquier producción hollywoodense para ser adaptada a la España de los noventa.

Esto no quiere decir que toda la cinta sea un desperdicio; de hecho, por momentos observamos el despliegue de una atmósfera bastante sobrecogedora la cual, aderezada con una perspectiva sociocultural sumamente específica –la crisis económica española y Los Héroes del Silencio gestan una mancuerna muy particular-, nos sumergen en una perspectiva dramática muy interesante. Asunto al que se suma el siempre sugestivo asunto del “basado en hechos reales”-

Sin embargo, afirmar que esta cinta es algo sobresaliente dentro de las huestes del terror diabólico es algo bastante irresponsable. La cinta no propone absolutamente nada nuevo sino que más bien recicla una serie de efectismos canónicos que, lejos de verse renovados, permanecen fijados en la más estéril y aburrida de sus funciones.

La película tiene un buen arranque pero después todo se convierte en una calca, algo que ya hemos visto hasta el hartazgo y que no nos ofrece más que un par de sustos bastante tramposos que nos recuerdan a ese cine hegemónico del que ya hemos tenido suficiente.

No estoy diciendo que sea una película pésima; sin embargo, sus pocos aciertos no logran rescatarla de la intrascendencia más sosa.

Advertencia: si usted acude a esta cinta buscando esa experiencia “ultra aterradora” que le habían prometido se llevará una gran decepción.

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