The Wild Boys: el paradigma de la existencia andrógina

TXT: Toño Quintanar

La adolescencia es, en la más inmediata de sus definiciones, una época de violencias, de pulsiones indómitas que se apoderan de los cuerpos púberes para reclamar cierto estallido de transgresión que, por un instante fugaz pero incontrovertible, logra cimbrar los pilares más sacrosantos del mundo conservador.

Esta inquietud, que en décadas pasadas sirvió como argamasa para algunas de las producciones más impresionantes dentro de la historia del cine, se ha visto envuelta de forma cada vez más descarada por un halo de docilidad que transforma a la figura del joven rebelde en una mera atracción de museo, una excentricidad anacrónica que pareciera no tener nada que ver con las templanzas del mundo neoliberal de este nuevo siglo.

Por lo tanto resulta más que grato encontrarse con una producción del talante de The Wild Boys (Bertrand Mandico, 2017), cinta la cual resalta como un destello de incorrección en medio de un mar de conformismo.

Configurada en clave surrealista, esta cinta narra las peripecias de un grupo de adolescentes –todos interpretados por actrices cuya mimética ambigüedad sexual problematiza de manera formidable los cánones de representación de nuestra sociedad- quienes, tras incidir en una serie de actitudes decididamente sociopáticas, son forzados a emprender un turbulento viaje de corrección que habrá de llevar al límite sus nociones tanto físicas como mentales.

El resultado de dicha puesta en escena es la concreción de un plasticismo liberador donde fantasía y realidad se abrazan de forma indeleble para ofrecernos un cuento de hadas oscuro que se transforma en el epicentro por excelencia de una serie de procesos sensoriales que le devuelven a la imagen en movimiento sus facultades ritualistas más sugerentes. Mismo asunto que se ve reiterado de forma decisiva gracias a un preciosismo visual finamente delineado que, por momentos, nos remite a los matices expresionistas más estridentes.

Aquellas inquietudes convulsivas que quedaron fijadas de forma definitiva gracias a obras diabólicamente contestarías como La Naranja Mecánica se ven reconfiguradas en sus matrices masculinas a través de un coming of age siniestro que nos pone en contacto con uno de los fenómenos más controversiales dentro de la normalidad alienada de nuestra civilización: el paradigma de la existencia andrógina.

 

 

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