Testimonio desde las entrañas: #FestivalMarvinCDMX

¿Era un sueño? ¿Hasta dónde llega el límite de este festival? Fue ahí que entendí todo: el #FestivalMarvinCDMX está ahí para hacer felices a los fans, complaciendo a la locura musical: una plataforma que comparte la misma melomanía de una audiencia que disfruta los shows en un formato que sólo este festejo puede otorgar

Un texto de Pablo Pulido

Recuerdo muy bien la primera vez que asistí a un #FestivalMarvinCDMX; llevaba cerca de cuatro meses laborando en la revista. Con apenas 21 años, me encontraba cumpliendo el sueño de mi vida en trabajar para un medio de comunicación enfocado en la música; odiaba la universidad y me agobiaba la mala pinta laboral en México, así que Marvin era ese refugio en el que todos los días, es un gran día.

Estar del otro lado de un evento musical era una experiencia emocionante, ya que siempre a uno le toca estar del lado del fan (el cual creo es el mejor). La presión es sofocante y emocionante a la vez, porque uno debe procurar que bandas y público disfruten la experiencia Marvin. A mí me tocaba supervisar el escenario del Foro del Tejedor, un pequeño pero sustancial espacio dentro de la librería El Péndulo. Recuerdo muy bien la emoción de la gente al ver a Troker, quienes semanas después viajarían a Inglaterra para presentarse en Glastonbury, por lo que se trataba de una especie de fiesta de buen viaje que dejó lindos recuerdos (que estoy seguro se proyectaron en la mente de la banda durante su viaje hacia Somerset).

Recuerdo también llegar corriendo a la Cantina Covadonga para alcanzar a ver uno de los shows que tanto me intrigaba: Atlas Sound, el proyecto alterno de Bradford Cox que recién se había colgado la medalla de publicar uno de los mejores discos del año: Parallax. Ahí estaba el particular músico, creando loops y sacudiendo su guitarra, mientras movía los brazos como evocando a dioses que nos mostraran el camino correcto hacia la plenitud. Y fue ahí que entendí todo: el #FestivalMarvinCDMX está ahí para hacer felices a los fans, complaciendo a la locura musical: una plataforma que comparte la misma melomanía de una audiencia que disfruta los shows en un formato que sólo este festejo puede otorgar.

Los años transcurrieron. Como en ese 2013, cuando Foxygen había lanzado ese candente disco que incluía “No Destruction” y “Shuggie”, y que como con Atlas Sound, la banda hizo destellar una estela divina dentro de la Cantina Covadonga. Era la primera visita de la agrupación a México, la cual provocó que una oleada de fans que apenas rebasaban los 20 años, se abalanzara hacia el escenario como tratando de tocar y contagiarse de la alienación de Sam France.

Pero el gran salto se dio un año después, cuando Daniel Johnston viajó a México a pesar de las dificultades personales y ofreció uno de los shows más emocionales que este país haya presenciado en toda su historia. Recuerdo haber visto a algunos miembros de varias grandes bandas sucumbir ante la sensibilidad del autor de “Walking the Cow”, incluso algunas lágrimas se derramaron. Eran músicos célebres, pero esa noche, ellos eran los fans. Pisos abajo, en el Covadonga, el hip hop de Danny Brown destrozaba (en sentido figurado) la tranquilidad con los beats de lo que sería una de las primeras veces que el género figuraba como headliner de un festival.

Para el año siguiente, una de mis bandas favoritas por poco reventaría nuestros tímpanos. The Raveonettes por fin ejecutaría un show en forma en #FestivalMarvinCDMX, el cual terminaría con la maldición del dúo con México de tener visitas frustradas que terminaban en conciertos a medias. Sale otro recuerdo: “Hallucination” sonaba y la luz no paraba de palpitar. ¿Era un sueño? ¿Hasta dónde llega el límite de este festival?

Y así podría irme, retomando flashbacks que #FestivalMarvinCDMX me ha dado: Lower Dens, NOIA, Boom Boom Kid, Marineros, Crocodiles, No Age, Javiera Mena, Kristin Kontrol. Diferentes sonidos, matices marcados, sonrisas que se quedan.

Y es que al cerrar los ojos, recuerdo estar frente a todos ellos, cantando y sintiendo, bailando junto a mis amigos, pensando en todo esto que ha logrado y he logrado junto a #FestivalMarvinCDMX. Y es que, a pesar de que los años han pasado y las tareas se han ampliado, me sigo sintiendo como esa primera vez que Troker estaba a punto de tocar en el escenario del Foro del Tejedor, con emoción de asistente y nerviosismo de organizador cada año que un cartel de #FestivalMarvinCDMX se revela, esperando a que como yo, todos se contagien de la emoción que provoca crear todo esto, con el mero objetivo de hacer felices a los fans al escuchar su canción favorita.

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