Steel Night - de la tierra del alacrán al suelo sagrado del metal

#SANGREDEMETAL

 POR LUIS JASSO

A ellos les tocó participar en su eliminatoria en un buen horario, fueron la cuarta de siete bandas que se presentaron en la llamada fecha provincia, una en la que sólo participan bandas que están a 5 horas o más en auto hacia la Ciudad de México, y ellos venían desde Durango.

De pronto, cuando comenzó su participación, la densidad del aire cambió. La audiencia no era tan nutrida como en eliminatorias pasadas, siempre pasa, la gente de la capital no suele ir a ver bandas que no son de aquí. Sea porque no las conocen, por cinismo, por flojera o por el sereno, la historia de Metal Battle marca dos tendencias importantes en la fecha provincia: suele haber menos gente, y suele haber mucho nivel. Este año no fue la excepción y para cuando ellos tomaron el escenario, si bien ninguna de las bandas que le antecedió había llegado a la final, todas habían dejado el escenario caliente.

Lo primero que destacó fueron sus guitarristas. Melodía, precisión, velocidad, riffs contundentes e intercambio de solos; sí, el sub género no es para todos, pero al final del día la gente estaba realmente sorprendida.

Varias personas sonreían, ha sido también una constante de Metal Battle, a veces más y a veces menos pero siempre se encuentra uno con bandas de enorme talento que probablemente no entrarían en el radar de no ser porque compiten en este concurso. Las caras lo decían todo, hay sonrisas cordiales y sonrisas que vienen desde la entraña y son provocadas por algún factor externo, en este caso, la magia de la música bien hecha y sobre todo, porque esta es la parte más difícil de lograr, bien transmitida.

Después de su victoria supe un poquito de su historia. Poco más de un año como banda, cinco muchachos trabajadores que tuvieron que viajar en un camión de esos que hacen paradas en muchas ciudades y comunidades y que tardan el doble de horas en llegar, pero debieron aceptarlo porque de esa manera les costaba la mitad. Se instalaron en un Hostal en el mero centro, y así el día de la final llegaron apenas a tiempo porque no sabían que esta ciudad, cuando hay algo como un debate presidencial, suele suceder en el Centro y suele provocar cierre de calles, tráfico y estrés. Algunos estudian, otros trabajan, pero todos coinciden en el sueño de ir a Wacken, y hoy ya es una realidad.

Humildad. También es parte del juego, y ellos la tienen. Muchas otras bandas la mostraron también, y eso se agradece, pero la experiencia dice que esa cualidad ayuda a que los obstáculos sean menos. Sobre todo en el contexto macro de Metal Battle, es decir, ya en el festival, algunas bandas de diversos países han mostrado lo contrario: soberbia. No se acercan a nadie, saludan solo si son saludados, hacen muecas, no miran a nadie y se suben al escenario con actitud pedante. Eso se transmite, y afecta, pero la humildad y el hambre y el gozo por estar ahí arriba, también. Antes de tocar en la final les dije que el jurado estaba completo y que prácticamente ellos solos serían su audiencia. Había no más  de 40 personas: 20 jueces, algunos músicos de otras bandas y una decena de personas con boleto pagado, y al ser concurso, lo importante era que estuvieran los calificadores; que hubiera público además es un plus, pero no una obligación. Su respuesta fue que no importaba, que estaban contentos de estar en la CDMX, de estar en la final y que entregarían todo porque a eso vinieron. Además, me dijo uno de ellos, hemos tocado para mucho menos gente, no pasa nada.

Y se entregaron como si la audiencia fuera en cantidad como la que habían enfrentado días antes al ser abridores de Rata Blanca, en Durango. Hacia el final de su presentación ya había más personal, pero la sonrisa con la que ofrecieron su presentación no cambió ni una sola vez, de verdad estaban felices de estar ahí, lo cual reforzaba sus palabras previas.

Enhorabuena pues para Steel Night y para Durango, estado que siempre ha ofrecido bandas de gran nivel y que, seguramente, en Wacken dejará claro que no todo allá es pasito duranguense.

WATAIN – NEGRURA ESPESA

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