Ricardo Piglia atrincherado en su memoria

por Juan Carlos Hidalgo

Un acercamiento a Los diarios de Emilio Renzi

Quien decide dejar su existencia plasmada en pequeños cuadernos en los que escribe a mano se concentra en ir avanzando día con día solamente. Una vez que la pequeña libreta se agota, pues comienza otra y sigue adelante. Sabe que alguna vez tendrá que mirar hacia atrás y revisar lo que ha sido consignado –los retales de su propia vida y algunas ajenas-. Algo no siempre placentero entre más tiempo se acumula.

Es por ello que una frase que el escritor Ricardo Piglia atribuye a uno de sus amigos se siente lapidaria: “Vivir en el pasado vuelve lentas las horas y veloces los años”. El argentino, pese a la enfermedad que padeció durante los últimos años de su vida, se dio a la tarea de revisar la increíble cantidad de cuadernos –por cientos- que acumuló para ordenarlos en tres volúmenes que han sido todo un acontecimiento tanto para la crítica como para los seguidores del hombre nacido en Adrogué en 1940 y fallecido en Buenos Aires apenas el año pasado.

El peso y la dimensión literaria de Piglia han ido creciendo progresivamente y cada vez se consolida todavía más como uno de los más grandes escritores de Hispanoamérica de la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad. En todos sus textos se muestra como literatura en estado puro –incluidos sus diarios- que adjudica a su alter ego: Emilio Renzi.

Un día en la vida –que cierra la trilogía- es uno de esos libros que será mucho más apreciado entre más tiempo pase. El autor de novelas tan trascendentes como Respiración Artificial, Plata quemada y La ciudad ausente irá expandiendo su zona de influencia y seduciendo a nuevos y jóvenes lectores. De ello no hay duda; así que tarde o temprano todos los abducidos por su narrativa probaran suerte con estos materiales revisados minuciosamente por quien fuera considerado “El clásico rebelde”, por el crítico José Antonio Masoliver.

Hacia el final de esta última entrega, que arranca en 1976, el que fuera Profesor de la Universidad de Princeton incluye un texto en el que se especula en un hipotético futuro acerca del origen mismo de un supuesto diario tan parecido a esta misma obra y reflexiona muy acertadamente sobre nuestra época y considera a dicha trilogía: “como testimonio del momento en el que los escritos literarios todavía estaban firmados por sus autores, aunque asediados ya por la expansión de las escrituras conceptuales del cyber, el anonimato generalizado de los blogs, las identidades virtuales del Facebook y el Twitter, las intervenciones y modificaciones libres de los textos en las interferencias ram y los conectores net. Esas remotas tecnologías –que aspiraban a la divulgación, a la traducción automática y a la escritura generalizada- pusieron en cuestión la noción de autoría, de creación individual y de originalidad”.

Piglia analizó muy bien el sino de los tiempos, el zeitgeist de nuestros días, entre sucesivos encontronazos con su país y su detestable clase política; mientras escribía ensayos que develaban aspectos inéditos tanto de escritores consagrados como de excéntricos y llevaba hasta su límite a una exigente y propositiva escritura que también incluye compilaciones de cuentos, entre las que se hallan La invasión y Prisión Perpetua.

Los Diarios de Emilio Renzi seguirán haciéndose de un sitio en un territorio literario en expansión y siendo parte esencial de la literatura de Ricardo Piglia. En su momento habrán de fascinar a todos aquellos que los vayan descubriendo y apuesten por la escritura más rigurosa y lúcida. En términos de los lectores más jóvenes, harán las veces de una bomba de tiempo que habrá de devastarlos en su debido momento. Los libros están ahí; resta darles la oportunidad de fascinarnos con su conocimiento de la vida y los secretos del arte y la escritura que contienen: “La memoria es una herramienta muy importante para defender la verdad, para defendernos a nosotros mismos”.

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