Por qué las plataformas de streaming están matando al cine

TXT: Toño Quintanar

Nota: este texto es responsabilidad de su autor.

Usted tendrá que disculpar mi chairez, querido lector, pero el fenómeno de las plataformas de streaming –todas ellas encabezadas por esa infame industria cuyo nombre empieza con N y termina con X- se están encargando de ahogar de manera significativa a la industria fílmica.

¿Usted recuerda esas hermosas épocas en las que recomendar una cinta no respondía a criterios de disponibilidad sino al simple hecho de que el título en cuestión era de calidad? Hoy en día, nuestra capacidad de elección se encuentra sesgada por la disponibilidad –tremendamente restrictiva- de las plataformas hegemónicas de entretenimiento.

Muy lejos han quedado esos ánimos cinéfilos que nos impulsaban a buscar incansablemente una cinta –de la cual habíamos escuchado maravillas- en los confines del Tianguis del Chopo o de Tepito, en esos sitios WEB especializados y gratuitos que, a cambio de unos minutos de paciencia, –aprender a luchar contra los spams es un asunto artesanal- nos ofrecen de forma gratuita lo mejor del cine a nivel internacional.

Hoy en día, para que podamos disfrutar de una cinta; antes debemos de estar seguros de que dicho título esté disponible en el precario catálogo de las plataformas legales. Si no se encuentra dentro de las facilidades sedentarias del tecnocratismo, la dejamos de lado de forma definitiva.  Misma situación que, por supuesto, nos ha llevado a conformarnos con una risible lista de obras de carácter colonial mientras que, por otra parte, le damos la espalda a una amplísima industria independiente y subterránea.

Es increíble la cantidad de autonombrados “entusiastas del Séptimo Arte” cuyos apetitos de consumo se encuentran regidos de forma restrictiva por la siempre parca distribución de la supremacía industrializada. Lejos de buscar una cinta en particular que nos haya llamado la atención, estamos acostumbrados a iniciar nuestra velada fílmica a partir del lobby de nuestra plataforma predilecta y, desde dicho enmarcamiento, comenzamos una búsqueda/elección amputada desde su origen, predestinada a un alcance sumamente corto.

El cinéfilo de verdad se caracteriza por su propia naturaleza anti-institucional. No se conforma con aquello que las altas esferas le ofrecen, sino que escarba las superficies, se mete hasta las rodillas en la basura con tal de encontrar un auténtico tesoro en medio de la mierda.

La única respuesta ante este aburguesamiento audiovisual es retornar a los mecanismos más clandestinos del ambiente fílmico, rescatar a la piratería –física y online- como un oasis de diversidad que permita la afluencia de nuevos discursos. Después de todo, existe una amplísima cantidad de títulos que, hasta la fecha, sólo pueden adquirirse de forma “ilegitima”; ya que éstos son ignorados por las grandes distribuidoras debido a su carácter “poco rentable”.

 

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