The horrors: la intensidad que surge de las sombras

TXT: Juan Carlos Hidalgo

Hay canciones que entran en sintonía con su momento y casi lo definen –tal vez hasta involuntariamente-. Lo que parece un envolvente tema para alcanzar el pináculo de una noche de hedonismo electrónico suelta un mensaje nada optimista: “Nothing left to lose when there’s nothing left to find”.

“Something to Remember Me By” es ya uno de los mejores temas del 2017; ¡Y vaya que se trata de un año virtuoso y lleno de música excitante -mucho más que sus antecesores-! Hacer una lista de música exquisita y de los mejores álbumes será una tarea nada sencilla, pues material destacado abunda. Y V (Wolf Tone/ Caroline International) de The Horrors se haya entre ese conjunto que marca el pulso de estos meses frenéticos y atribulados.

A estos ingleses les encanta ir a contracorriente y gozar de la reinvención sonora; hasta resulta un dato no menor que el tema más contundente y accesible de esta nueva entrega sea el que cierre el disco –algo muy poco frecuente en la industria-. La historia de The Horrors es cuando menos peculiar porque está llena de bruscos virajes estilísticos y de una enorme mejora en cuanto a su desarrollo como músicos, la capacidad compositiva y el dominio técnico que requiere el oficio. Vamos, que no dudo en afirmar que Strange House (2007) -su debut discográfico- era un trabajo pésimo que alcanzó notoriedad a través de un fenómeno de redes sociales potenciado por la explotación de una imagen dark que atraía a los adolescentes.

Debo confesar que sólo di una segunda oportunidad a los originarios de Southend-on-Sea debido a intentar ceñirme al rigor profesional; no esperaba hallar nada bueno en Primary Colors (2009), pero ya abandonaban ahí un sonido sucio y destartalado y en el que el low-fi era más bien producto de carencias varias, para incursionar en el shoegaze con cierta fortuna. El verdadero crecimiento vendría a partir de la siguiente producción; Skying (2011) los llevaba de regreso a los mejores momentos del post-punk ochentero (una revisión hecha con respeto y verdadero interés investigativo).

Pero la música es un campo completamente subjetivo -¡Y lo celebro eternamente!-; hago este apunte dado que me parece que en Luminous (2014) alcanzaban la plenitud a través de incursionar en el krautrock e inyectar una electrónica un tanto más amable. ¿Será lo accesible un elemento negativo para cierto sector de la crítica?

V es un disco que alegaría en ambos sentidos, porque hay canciones de diversas tesituras que van de los ecos industriales a los debrayes psicodélicos de “Hologram”, que abre el álbum a modo de presagio: “Raise your head up high, and see this ordinary world/ Raise your voice up loud, it’s time to go…”. A The Horrors les apetece establecer su propio orden de las cosas, imponer su manera de moverse, tal como lo explicó Faris Badwan a la prensa europea: “Necesitamos cambiar, hacer cosas nuevas cada vez. No me podría importar menos lo que piense la gente. Lo único que queremos es hacer discos que nos apasionen“.

Pero por si fueran poco los aspectos para resaltar de un disco cuya arquitectura musical toma elementos tanto de Nine Inch Nails como de Marilyn Manson; existe sin duda una reinterpretación de sonoridades industriales, insertadas en un contexto actual. No se busque aquí resabios de lo retro.

The Horrors se han asegurado de ser totalmente contundentes con V; también han dado de que hablar al elegir al productor. Paul Epworth es una figura de primer orden que el mainstream aprecia por encargarse de Coldplay, Florence and the Machiche y, sobre todo, Adele, pero es más propositivo señalar que ha potenciado las composiciones de Primal Scream, Bloc Party y en su momento de unos The Rapture, que se hacían tendencia. La presencia del también londinense en “Ghost” y su madeja de sintetizadores luce en todo su esplendor.

Con una década en la brega se han concentrado en lo que realmente importa: la música; y se han apartado de sainetes de la prensa de escándalos y fashionista. El quinteto se muestra creativo y sólido, y en “Machine” tiene una expresión definitiva e incontestable. Ellos se han abocado a tocar intensamente a lo largo y ancho del mapamundi. Es digno de alabar que se hayan propuesto extinguir aquella etiqueta del hype, que los acompañó durante unos primeros años en los que había mucha postura y actitud y casi nada de música.

En V es emocionante cuando las canciones se alargan y entran en cierto trip psicodélico-electroso. Se erigen como candidatos a entrar en las listas de un año atascado de discos brillantes, trascendentes y poderosos. Sobran pues defensores –como yo- de un álbum cohesionado y con mucho nervio. The Horrors todavía conservan un halo siniestro que los caracteriza, pero son una máquina de procesar influencias y estilos a partir de su personalidad incólume. Mientras se pasea por los Festivales europeos, Faris tiene bien claro lo que necesitaban hacer y que ya han logrado: “A veces la música hace que saques la agresividad que llevas dentro. El rock necesita poder, intensidad“.

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