Recordando a José de Molina: La libertad de un hombre coherente

TXT :: Sebastián Franco

Cuando se habla de la canción de protesta en México, por lo general se habla de Óscar Chavez, pero pocos en el país recuerdan a un hombre que parece ser ya un mito: José de Molina fue la voz de una época, la respuesta al albor revolucionario que yacía en las víctimas de la represión en la década de los sesenta y setenta, un clamor de libertad y de cambio que hasta hoy en día algunos siguen esperando en silencio.
De la vida del cantautor no se precisa exactamente de dónde o cómo se origina su figura; no se sabe exactamente en qué año nació -el mismo músico no lo sabía-, pero se especula que fue alrededor de 1938. Según José Luis Rangel, biógrafo de Molina, el cantor era hijo de una empleada doméstica y madre soltera, quien murió cuando él tenía cerca de 3 años por lo que José fue adoptado por los patrones de su madre, gente de la más alta alcurnia social; cuando José tenía escasos doce años, decidió fugarse de la mansión para emprender su destino, que tenía claro no era con la burguesía de Hermosillo.
La rebeldía del cantautor se presentó desde pequeño y tuvo las agallas para enfrentarse a la vida obrera, al lado de un campesino que tenía un rancho, y que ofreció empleo y techo a Molina hasta sus 18 años, cuando el joven cantor decidió emprender un viaje por el país junto a un trailero, debido a una disolución amorosa.
Los mitos son mucho acerca de su vida, se dice que al llegar a la ciudad de México, trabajó de obrero cerca del panteón de Tacuba; que cursó la escuela nocturna; que en 1969 hizo carrera actoral en el INB en donde compuso sus primeras canciones de carácter revolucionario, que si bien no eran tan sofisticadas, respondían naturalmente a los conflictos sociales de la época.
Pocos cantautores tan coherentes y consecuentes con su ideología como Molina: jamás cobró por sus presentaciones, desde sus inicios se presentaba en foros estudiantiles donde compartía su obra y sus ideas con respecto a su realidad, por lo que rápidamente empatizó con los jóvenes de la época y apoyó al movimiento estudiantil: fue sobreviviente del ‘68 y del mismo “halconazo”.

jose de molina
Aquí es donde comenzó la leyenda de José de Molina, un socialista-libertario que claramente se re-educó en la doctrina del marxismo y comprendió su realidad bajo las circunstancias sociales de una época en el país, hundida en la represión, la guerrilla, la desaparición forzada, la tortura sistemática y el estado autoritario, entre muchas otras problemáticas que pudo comprender y canalizar en su obra musical, la cual podría ser comparable con la obra muralista de David Alfaro Siqueiros, usando la canción como conducto para llevar la lucha popular a la sociedad y agitar la conciencia del proletariado.
Si bien su obra fue contestataria, y atacaba al estado y al régimen que entonces imperaba en la época (y continua actualmente), también conserva una fuerte carga humana, llena de sensibilidad por las carencias del pueblo y de sus dolencias, no solo económicas; además, sensibilizaba a la sociedad sobre lo que significaba ser y sentirse de clase trabajadora y que naturalmente contrastó con su radicalidad, como por ejemplo en el tema “Madre proletaria”.

El cantautor disfrutaba de cantarle al pueblo buscando el despertar de conciencia de aquellos que lo escuchaban. Vivía de sus propias grabaciones y siempre apoyó a la guerrilla urbana y rural en los setenta, al EZLN (a quien también criticaba) y al EPR.
En 1994 decidió plantearse todas las tardes a tocar sus canciones en el Zócalo capitalino, en solidaridad con el levantamiento Zapatista, por lo que más tarde en 1997 con la visita del presidente norteamericano Bill Clinton y en pleno desarrollo del TLC, el cantautor fue secuestrado y torturado por la policía política. Fue hospitalizado e intervenido como consecuencia a los golpes recibidos.
Ocho meses más tarde de Molina se suicidó debido a un cáncer terminal por el que atravesaba, pero en el presente surgen dudas: ¿qué diría hoy el gran exponente de la canción revolucionaria?, ese hombre que no confiaba en los procesos democráticos por que según él, los cambios radicales no se producían de esa manera. ¿Qué diría de nuestro país?, del 2018, de Donald Trump, de los 43, de nuestro presidente, del abuso de poder y demás males que aquejan a México.
Sin duda alguna, el espacio que dejó José de Molina no se podrá llenar con nada, y mucho menos en tiempos como los que atravesamos, donde nada es cierto y la incertidumbre está a la vuelta de la esquina.
Son tiempos como estos cuando necesitamos más que nunca un José de Molina, sin embargo eso, es naturalmente imposible, sólo nos quedan esas canciones y el mensaje que almacena su obra, un mensaje de libertad, dignidad, y lucha.