Magia y delicadeza: la importancia de llamarse Shirley Collins

TXT :: Sebastián Franco | FOT :: Eva Vermandel/North Country Public Radio

En ocasiones un largo letargo convierte a un músico o compositor, en una figura fácil de olvidar; pero en otras ocasiones, su aportación musical es tan poderosa e importante, que es casi imposible que el inconsciente colectivo logre olvidar a tales figuras. El caso de Shirley Collins, pertenece al segundo: cantante, músico, y archivista de la tradición folklórica británica, convirtió su figura en un monolito de culto ente los fanáticos del género.

La nativa de Essex ha tenido una vida tumultuosa, llena de dudas profundas y accidentes, pero nada de ello ha afectado en el recuerdo que tiene el público de ella.

Collins generó una visión nueva del folk en los sesenta, recolectando y dándole un arreglo nuevo a la tradición británica; esto aunado al dúo con su hermana Dolly, con quien saltó a la fama y obtuvo reconocimiento. Pero su pasión por las canciones de principios del siglo XIX la llevó a viajar alrededor del Reino Unido, recolectando canciones antiguas que en ocasiones ni siquiera había sido grabadas. Collins afrontó su pasión; grabó, cantó y difundió las canciones en su propia voz, al lado de su hermana. Durante esta travesía, “la primera dama del folk” conoció a Alan Lomax, quien la invitó a viajar por el Mississippi grabando a músicos negros en cárceles, o personas en de toda raza en comunidades religiosas. Dicho viaje le da la oportunidad de descubrir a una de las grandes figuras del blues, Fred Mcdowell, y se registra en un libro autoría de Collins America Over the Water (2005).

Durante esta época, Collins almacenó una gran cantidad de canciones qué interpretar, y lanzó discos como No Roses o Amaranth, junto a la Albion Country Band, perteneciente a su segundo esposo Ashley Hutchings, con quien su trabajo fue mutando y aventurándose a nuevos estilos como el rock, o el free jazz, pero sin perder la esencia de la tradición folklórica británica que tanto ama. Durante este período, Hutchings abandona a Collins, por lo que ella nunca más actuaría ni grabaría con la Albion Band, y regresa con su hermana Dolly; durante este corto lapso, Dolly abandona a su hermana, y pierde abruptamente la voz, por lo que se ve forzada a asumir un largo retiro que acompañó de una inminente tristeza. Collins adoptó una extraña deformación de las cuerdas vocales llamada, disfonía, atribuida por ella misma al abandono de su esposo Ashley. Collins se sumó entonces a una vida monótona de suburbios, siendo reconocida con el tiempo como una autoridad en la música tradicional británica, atendiendo invitaciones a programas de radio de estación pública, para discutir el tema.

shirley collins

FOT :: Shirley y Dolly Collins, BBC

Esto, hasta que un buen día, David Tibet, mejor conocido por ser la voz detrás de la banda de folk apocalíptico, Current 93, la afrontó, le expresó cuánto significaban sus álbumes para él, y cuánto le interesaba que volviera cantar. Después de varios esfuerzos, cenas e insistencias por parte de Tibet y su séquito, Collins regresó a los escenarios y al estudio, con una sola condición, hacer las cosas a su manera.

shirley collins

El álbum en cuestión es Lodestar, un álbum hecho a la vieja usanza: artesanal, una recopilación de canciones de diferentes épocas y de alrededor de todo Reino Unido con una característica que comparten en común; la temática: la muerte. Collins de 81 años canta con una voz abrumadora, melancólica, que abraza todo el recorrido del álbum. El material posee una fuerza que trasciende épocas, grabado de manera austera en su cabaña a las afueras de Lewes, por Ossian Brown y Stephen Tower del dúo experimental Cyclobe. El álbum, aunque sombrío, subyace de una necesidad que podría ser parcial, la necesidad de regresar, de cantar a las voces antiguas a través de sus canciones y con la energía de las nuevas generaciones apasionadas por un pasado muy semejante al suyo, convulsivo e impredecible.

La magia de Collins sobrepasa su sensibilidad, su delicada voz, y sobre todo su edad. Esta resurrección queda como un manifiesto, de que el olvido en ocasiones no existe, de que, Collins transciende las épocas, y que su figura pasa a convertirse en un puente entre las tradiciones del pasado hacia un poco emocionante futuro, dónde lo único seguro es la muerte.

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