Los treinta y tres y un tercio de Saúl Ramos: Slayer, “Reign in Blood”

33 1/3 es una serie de libros que comenzó a publicarse en 2003. Cada volumen se dedica a estudiar a profundidad el contexto histórico, artístico y personal de un disco clásico del pop/rock. La serie cubre un amplio rango de tipos de música, discos, bandas, artistas y recién acaba de editarse el tomo número 118, sobre el álbum Psychocandy, de The Jesus and Mary Chain, escrito por Paula Mejía. En esta serie de publicaciones, reseño mis libros favoritos de la colección 33 1/3, empezando por ejemplar dedicado al clásico thrash-metalero de Slayer, Reign in Blood.

TXT :: Saúl Ramos

Cuando leí este libro, nunca en mi vida había escuchado Slayer. Nunca. Había visto las playeras, los carteles de los festivales con el nombre de la banda, fotos de los músicos, las cruces con fuego de sus conciertos, pero nunca los había escuchado. Cuando era adolescente escuché breve y superficialmente un poco de metal y usé mucho una playera de un patinetero de Powell Peralta que se llamaba Wade Speyer, cuyo logo era igual al de Slayer. ¿Cómo no leer este libro?

Reign in Blood fue el primer disco de rock que produjo Rick Rubin, apartándose del ambiente del hip hop que lo hizo una estrella. Según este libro, escrito por D. X. Ferris, Rubin no tuvo tanto que ver con la conceptualización de la música del disco como todos piensan. Cuando lo contrataron, los demos ya estaban grabados y sonaban bastante parecidos al disco que finalmente salió a la venta. Lo que sí hizo fue lograr un sonido limpio y profesional que Slayer no había tenido hasta el momento, sumando a su equipo a personajes como el ingeniero de sonido Andy Wallace (quien es mencionado en otro libro de la serie 33 1/3 por su trabajo con Nirvana, pero ha brillado como productor en Walk This Way” de Aerosmith con la banda Run-DMC, además de Prince, Bruce Springsteen, Sepultura, White Zombie, Jeff Buckley, Faith No More, Rush, Rage Against the Machine, Foo Fighters, At the Drive-In, Blind Melon, System of a Down, A Perfect Circle y Paul McCartney, entre muchos otros) y convirtiendo a Slayer en una banda mainstream, por decirlo de alguna manera.

Cuarenta y siete personas distintas de la industria musical opinan sobre Reign in Blood y Slayer en este libro: desde ejecutivos de disqueras y otros metaleros, hasta Kat Von D y Tori Amos, quien cuenta por qué grabó un cover de la canción “Reign in Blood” para su disco Strange Little Girls. Los testimonios de otros músicos van más orientados a cómo la ejecución de los miembros de la banda borra la frontera entre el hard core punk y el metal para darle vida al que muchos conocen como el mejor disco de thrash jamás grabado; combinando virtuosismo, agresividad, precisión y oscuridad, logran un álbum que empieza con una canción sobre el oficial nazi Josef Mengele (“Angel of Death”) y termina con otra (“Reign in Blood”) que inicialmente era sobre un asesino serial al que la lluvia le despierta la sed de sangre.

El libro no es el disco; es muy ligero. Las anécdotas están contadas de manera sencilla y divertida. Es profundo y detallado sin ser excluyente (nunca había escuchado Slayer, repito). Es el primer libro de esta serie sobre discos célebres, sobre uno de metal.

Algo de lo que más me impresionó del libro es la mención de que la base rítmica de Slayer -que en Reign in Blood se acelera hasta los 300 beats por minuto, logrando que la obra completa termine en menos de 30 minutos-, es de origen latino: Tom Araya (bajista y cantante) es chileno y Dave Lombardo (baterista) es cubano. Punto para Latinoamérica, en tiempos de Trump.

Adquiere el libro aquí.

Notas Relacionadas