Perfume Genius: Cuando las cosas que te hacían sentir una mierda, te convierten en alguien importante

TXT:: JUAN CARLOS HIDALGO

FOT:: INEZ & VINOODH

Artículo publicado originalmente en Revista Marvin #152 :: Fe. A la venta aquí.

El morbo y el periodismo amarillo de tabloide siempre preferirán las tragedias y los finales salpicados en pólvora, jeringas y fluidos corporales. El cadáver de un joven músico y su atormentada historia son un filón dorado que trae consigo una enorme venta de ejemplares. Y si a este tipo de casos se agrega el elemento de que el artista en cuestión fuese gay, el fenómeno alcanza más resonancia y efecto social.

Mike Hadreas parecía estar encarrerado hacía la autopista de la fatalidad y terminar precipitándose en el voladero de los excesos. Fue un joven al que rebasó la escena neoyorkina y sus fiestas interminables llenas de estupefacientes maravillosos y seres hedonistas ansiosos por morir temprano y con los cuerpos intoxicados. Aunque la Babel contemporánea también liberó todo su potencial creativo. Él mismo reconoce que en la Babilonia del siglo XXI no podía parar.

Pero esta historia toma otro rumbo muy distinto y de lo que tenemos que hablar es del más logrado y cuarto álbum en la existencia de Perfume Genius, el proyecto unipersonal que Mike (nacido en 1981) armó a salto de mata entre Seattle y Nueva York. En el sitio donde creció dejó atrás pasajes oscuros de soledad y discriminación y hasta la relación con un profesor del colegio, que además de drogas, incluyó el suicidio del docente. Se fue a La urbe de hierro para encontrar su sitio, pero le fue demasiado bien y su madre tuvo que rescatarlo e ingresarlo a una clínica de rehabilitación en aquella ciudad de Washington.

Mientras tanto, la fama de Hadreas iba creciendo poco a poco; ofrecía al público un pop de cámara finísimo y hermoso que creaba básicamente con el sonido de un piano y que soporta letras biográficas descarnadas y desgarradoras. Así, canciones que parecían ideales para ser interpretadas tanto en oscuros cabarets como en elegantes salas de concierto para música clásica –en ambos ámbitos lucen muy bien–, y que también obtenían rodaje en los grandes festivales. En México lo pudimos ver abriendo uno de los escenarios en el Corona Capital. Donde debería haber penumbra e intimidad encontramos el sol cayendo a plomo sobre un pastizal, un escenario amplio y dos jóvenes tocando sintetizadores –tal cuál era su directo en el momento–.

Pero lo que literalmente salvó a Mike Hadreas, repetido por él mismo a lo largo y ancho del mundo, es haber encontrado el amor. Son ya ocho años los que lleva enlazado con Alan Wyffels y llevando un romance que les ha traído equilibrio y serenidad a ambos. Ahora puede encajar en las grandes ciudades y no ser arrasado por el glamour y la corte de los excesos. Sin olvidar el pasado, el compositor decidió que era el momento de emprender la obra más ambiciosa de su carrera, potenciar los arreglos y sumar gente en el acompañamiento. Buscaba un sonido más esplendoroso para lo que terminaría siendo No shape (Matador, 2017), una maravilla en la que conserva sus habilidades como cronista del dolor pero ahora sumergido en un torrente de sintetizadores y otros instrumentos (como violines).

El ser humano detrás de Perfume Genius reconoce que sus tragedias pasadas siguen siendo difíciles de superar y todavía le atormentan, por lo que busca exorcizarlas a través de las canciones. Recordar aquellos dramas le permite mantenerse a salvo y entrever los terrenos por lo que no debe marchar.

En su lugar ha dado con 13 canciones (sucesoras del Too Bright del 2014) que se muestran como la colección más completa de su trayectoria. En ellas va desatando progresivamente un sentido épico sin perder lo introspectivo y sentimental. No podemos saltarnos la maravillosa evidencia que es “Slip Away”, en la que nos conduce al estallido musical, pero que abre con una frase delicada y conmovedora: “Don’t hold back, I want to break free/ God is singing through your body/ And I’m carried by the sound”.

En total 44 minutos de gran calidad y capacidad evocativa. No es la primera vez que los discos de Hedras me llevan a pensar en los libros de Dennis Cooper, un autor culminante y salvaje de la literatura gay. No shape y su gran poder narrativo me hace buscar puntos de contacto con los escritos de Cooper o bien con sus puntos de vista. Encuentro una estupenda entrevista realizada por Irene Rodríguez Aseijas, en la que le pregunta al autor de Cacheo y Tentativa:

Algunos de sus personajes adolescentes llevan tras de sí una carga intensa de ternura bajo la superficie de degradación, ¿significa esto que la esperanza sólo encuentra su lugar durante la juventud?

No, no lo creo. Creo que lo que les ocurre a los personajes de mis novelas es una cosa, pero detrás hay una persona que escribe esos libros: yo. Yo fui un joven que se sentía realmente jodido y sin embargo se convirtió en un escritor de éxito al llegar a la edad adulta, y creo que el hecho de que mis libros estén escritos por un adulto que entiende, y siente y es capaz de expresar la confusión y el horror que forma parte de ser un adolescente es también una parte muy importante del mensaje de mi trabajo. Creo que mi obra logra comunicarse particularmente bien con la gente joven que tiene problemas, porque yo mismo los tuve y, en cierto modo, continúo teniéndolos. Creo que parte de mi trabajo consiste en expresar precisamente eso: las cosas terribles por las que estás pasando ahora, las cosas que te hacen sentir como una mierda pueden terminar siendo las cosas que te conviertan en alguien importante. De alguna manera mis libros están diciendo eso. Sé un artista”.

¿Qué es lo que ha hecho entonces para crecer como artista? Una parte importante pasa por haber elegido a Blake Mills como productor; un hombre que habiendo trabajado con John Legend y Fionna Apple entendió que había que ampliar la instrumentación (suman guitarra), cuidar los arreglos (utilizan vasos como percusión en “Go Ahead”) y dosificar los estallidos de intensidad –a lo M83– a lo largo del álbum.

No shape es absolutamente conmovedor; ahí está “Wreath” para enfatizarlo. Mike canta mejor que nunca, pero también es un tipo sincero y enamorado. El disco cierra con “Alan”, un tema dedicado a su pareja y en el que bordea la fortuna de tener una relación de largo aliento y haber conocido la paz interior. Se convirtió en disco de la semana del influyente diario inglés The Guardian y la revista Q lo describe como: “una declaración de desafío, fuerza y belleza descarada“.

A estas alturas, Mike Hadreas pudo haber tenido un cadáver bello y ser noticia de nota roja por una semana; en su lugar, se va encumbrando en la música con sensibilidad y honestidad. Su presencia es ya de larga duración y lo más sorprendente, es un hombre muy enamorado durante años.

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