Del por qué toda morra debería tener un círculo de mujeres

Foto de portada: Sofia Weidner, artista y diseñadora, a quien conocí en el círculo

Llegué al circulo por mera casualidad. En estos tiempos modernos en donde las redes sociales digitales juegan un papel muy importante en nuestra vida, al fin me sirvieron de algo. Un día alguien a quien seguía desde hace tiempo, anunció que iba a comenzar un circulo de mujeres. Le mandé un DM, le dije que yo quería ir y ya estaba, tenía una cita con un montón de mujeres que no conocía. La verdad, yo tampoco sabía qué era un “círculo de mujeres”.

Es curioso, porque todas las que hemos pasado por ahí hemos confesado que llegó a nuestra vida en el momento más adecuado. Lo que me hace pensar que no se trata tanto del momento, si no que, si algo así llega a la vida de una mujer lo recibirá como algo que estuvo esperando por mucho tiempo.

Y es que es cierto, para las morras, sentir la energía femenina es un motor que nos hace continuar con la pesada rutina de una millenial, con la presión de representar un ente femenino en medio de una sociedad heteronormada y patraiarcal. En suma, es una manera de seguir con la vida. Si a estas alturas te sigues preguntando, ¿qué carajos es un circulo de mujeres? ahí te va.

Nos reunimos solamente mujeres (¿apoco?), de donde venimos importa poco. Nuestro nombre es a veces lo único que necesitamos saber para compartir vivencias infinitamente íntimas. Hablamos de la intuición femenina, de la luna, de nuestra autoconocimiento, del empoderamiento, de nuestra menstruación, pero lo más importante, de cómo sanar.

No importa qué, las reuniones siempre están enfocadas a sanar nuestro interior. Es más que ir a platicar, es compartir algo que tienes dentro, y que muchas veces no saber cómo sacar o enfocar. Hace poco me sorprendí bastante ante la pregunta de una compañera, ¿apoco sí existe? me preguntó refiriéndose a la intuición.

El autoconocimiento como mujeres es la respuesta. Aceptarse mujer para desde ahí dirigir nuestra energía. No se trata de aceptarse a partir de un arquetipo, si no de ser conscientes de lo que somos capaces de lograr.  Pero si de arquetipos se trata, es cierto que nos sentimos brujas armando un aquelarre cuando compartimos historias sentadas en el pasto, cuando compartimos semillas, lecturas, reflexiones, pero sobre todo, cuando nos entendemos hasta conectarnos.

Ilustración de Ileana Rivera a quien también conocí en el círculo de mujeres

El círculo me sirvió para conectarme con más mujeres, para entender de donde viene la intuición, la fuerza y la energía femenina. Para compartir mi intimidad como mujer con personas que entienden, que escuchan y que no juzgan. Para entender que el enemigo más grande de una mujer no es otra, somos hermanas.

Es un ejercicio necesario para fortalecer la sororidad, para crear una. Porque por medio de la otra nos reconocemos y podemos sanarnos. Lo más importante, porque por medio de un círculo podemos unirnos y plantear soluciones para la realidad que la mujer vive día con día.

Sobretodo, con el círculo me di cuenta que no estamos solas, ni locas, ni exageradas. Conocí a personas increíbles, con las que sigo compartiendo experiencias e historias que día a día ayudan a sanar mi relación con el entorno, la naturaleza y con mi cuerpo.

No es necesario que creas en todo lo que aquí se dice o que tengas un alma demasiado hippie para intentarlo. La energía fluye de cualquier forma; siempre sana y revitaliza.

Ilustración por Sofia Weidner

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