#MarvinLatino: Babasónicos, camaleones del humor y un profundo amor al rock

Entrevista con Diego Tuñón

TXT :: Uili Damage

Publicada originalmente en el más reciente número de Marvin #149:: Camaleónicos

 

Cuando se junta una banda de rock, surge en la cabeza de sus integrantes una serie de ideas, propuestas, sueños e ilusiones que se ven exactamente como las fotos de las revistas, las imágenes de los videos… Algunas bandas cambian del rumbo que pintaban esas imágenes y de pronto no está sucediendo nada de lo que les unió.

En casos contados, se encuentran cómplices cuyo mapa se compone de imágenes tan dispares, que justo materializar sueño por sueño y el paso de los años, es lo que va a lograr que el cuadro completo tenga sentido y se vuelva tangible.

Babasónicos es uno de estos casos contados y su tecladista, Diego Tuñón está aquí para contarnos cómo es que les ha pasado así.

 

¿En dónde estás?

En Buenos Aires, en mi casa. Estamos dando los últimos shows de lo que tiene que ver con Impuesto de fe.

También está para oírse Inflame.

Inflame tiene que ver con otra cosa de la banda. Nuestro contrato nos permite publicar otras cosas para las que no hacemos difusión, como aquí, que son ejercicios musicales que se quedaron de la época de Infame, pero no es material nuevo.

Cuando sacaron Trance Zomba, comentaban que estaban escuchando mucho a Ween. Es una banda que toca muchos estilos musicales interesantes y al paso del tiempo ustedes también han brincado de un estilo a otro aunque mantengan el sello Babasónicos…

… Sí, y hasta tuvimos la suerte de poder trabajar muchos discos con Andrew Weiss, que fue bajista de Black Flag y es el productor de Ween…

El punto es que si te gusta Ween te gusta el rock duro, el pop, el reggae, la sicodelia loca, el country… sonidos que encuentras en la trayectoria de Babasónicos.

A Ween lo definiría como rock muy en serio tomado a broma. Gente que se toma al rock muy en serio, pero con muy buen sentido del humor. Nosotros también estamos más allá, y parodiamos lo bueno y lo malo y no le tenemos miedo a nada. Me parece que tiene que ver un poco con eso y me parece que es la antorcha que nos tocó tomar en los noventa. Si analizas las épocas: en los cincuenta no existía el joven como rebelde; ahí no existe una industria que lo avale, que lo identifique y lo represente. En los sesenta todo era libre y llegan todas estas mentes increíbles que en tres años inventaron todos los estilos posibles, de los cuales aún seguimos redundando. Después de Beatles, llegó un T-Rex, un Led Zepellin y ¿qué pasaba? Que crecieron los equipamientos: de los cuatro canales de grabación llegaron a 24; los Beatles sonaban por los megáfonos del estadio de donde oías al comentarista en la tribuna. Con Zeppelin empieza el PA -que da paso al rock de estadio-, cuando la gente se cansa de eso llegan los punks que dicen “estos viejos de mierda que tienen 30 años, que estudiaron música; la música es otra cosa: aquí la hacemos nosotros solos”. Eso por un par de años fue maravilloso. Luego llega el sintetizador electrónico que ya puede comprarse un chico por 300 libras. Nace el tecno pop y todo era nuevo.

Cuando nosotros tomamos la antorcha en los noventa era muy poco lo nuevo.

Una de las cosas nuevas que pasaba era que el rap empezaba a tomar otra forma y empezaba a enseñarnos que nosotros íbamos a ser parte de lo que era el metarock. Esto es que llega una banda y dices “¡Uy! Nirvana, ¡que buenos son! Suena a… ”. Y desde entonces siempre hay una referencia. Ween y nosotros nos dimos cuenta de algo: que podíamos hacer rock y música disco y no tener miedo a nada. Hoy día eso parece muy normal, pero cuando éramos chicos, la consigna era “Disco Sucks!”. Si oías Judas Priest, no podías escuchar disco. Nosotros dijimos: “quiero hacer disco pero no quiero ser un boludo. Está bien: hagámoslo a ritmo de rock!” Ahí es donde te digo que el humor es muy importante. Nosotros somos personas que amamos el rock. Lo tomamos muy en serio. Pero el punto es que cuando éramos chicos, éramos casi góticos. Nos sentíamos plenamente identificados con la pena y la tristeza mundana, el color negro… pero nos dábamos cuenta en un momento que no todo era triste. No tiene que ir uno a la playa en “sobretodo” (gabardina). De hecho un día estaba en una playa de acá y me crucé con Gustavo Cerati dando panfletos de lo que era su show, y estaba con un sobretodo en la playa. Dije “wow, este es el tipo más cool del universo”. Pero cuando diez años después me tocó a mí estar, dije “yo no voy a hacer eso”. Y a la vez me encanta que él lo haya hecho. Pero para mí las generaciones nuevas están para eso. Para decir “Ok. Estamos todos tristes. Pero divirtámonos un rato. Juntemos tu tristeza, mi tristeza y la tristeza de todos y hagamos algo positivo”. Y los noventa tenía mucho eso. Encontrábamos un elemento tecnológico -UN elemento tecnológico- nuevo, pero que nos jugaba en contra y era el CD, porque permite editar todo tu catálogo. Entonces, salía tu disco y esa misma semana tenías el lanzamiento de todos los discos de Hendrix. ¿Cómo haces para competir contra Hendrix? … Contra todas las versiones recontramasterizadas de los Beatles; contra todo el catálogo de Led Zeppelin…

A nosotros nos cultivó muchísimo. Cuando empezamos, lo que más escuchábamos era rock. Adrián llegaba de vivir en Londres y trajo a Happy Mondays, EMF… Yo ya había grabado un disco en Hollywood con Daniel Melero y Cerati y yo traje Jane’s Addiction, y cuando conocemos a Mariano, él nos introduce a todo mundo al rap: trae Paul’s Boutique, NWA, Digital Underground. Eso fue como hacer un master en la academia. Eso fue la “Universidad de Berkley de Babasónicos”. De hecho para nosotros Ween fue un poquito posterior. Fuimos Adrián, Mariano y yo a visitar a un amigo a Nueva York, Gustavo Iglesias, que después fue nuestro ingeniero y productor y por primera vez vemos a Ween en MTV y nos volvemos locos. Era algo que no podíamos creer. Luego, allí fuimos a un show y vimos a un chico con la remera de Ween. Le decimos “¿Conoces a Ween?” y nos dice “No, no, soy staff de Ween”. Ween era un secreto a voces. Después se hizo bastante famoso. Y el chico nos contactó con Andrew y empezamos a trabajar con él.

Ha pasado toda esta historia, todos estos discos, todos estos estilos, con soltura, devoción, humor…

Con desdén y capricho también y un profundo amor al rock.

… Y en Impuesto de fé están repasándose a sí mismos ¿con la urgencia de renovar su pasado?

Yo qué sé. Es un típico gesto de la industria. El que más se entusiasmó es Mariano con la idea de, “¿qué pasa si ahora que tenemos otro lugar, renovamos algunas de esas cosas lindas que pasaron desapercibidas o que están metidas en el inconsciente de la gente y que no ayuda el CD como para salir a tocar”, tipo “Zumba”, que pertenece a un disco en el que las cosas están híper desafinadas, éramos unos locos terribles y eso nos gustaba; como que sentíamos que eso era una especie de punk. Y ahora entendemos otras cosas. Estamos invirtiendo tanto menos tiempo que en ese momento, porque somos más profesionales, nos sale mejor y con esto me parece que Babasónicos no tiene nada de qué avergonzarse. Eso a mi me dio mucha alegría. Siempre fuimos un alegato a la libertad. Incluso a la libertad de equivocarnos. Me gustó ver cómo hicimos Trance Zomba y el mundo se transformó a ese estilo y decidimos hacer ese disco Dopádromo que arruinaría la carrera de cualquiera [risas], con mucho orgullo. En Trance Zomba habíamos hecho una especie de rock rap, que igual existía un “Cop Killer” que tomó el mundo y una vez que existió eso dijimos, “no, yo no quiero ser eso”.

Empezaron a salir muchas bandas de mierda. Siempre que hay un estilo genial, son dos años buenos y lo demás es todo basura.

Para mí el rock es muy importante. No es cualquier cosa. Y paradójico, pero es importante no tomarlo tan serio. Ya cuando nosotros hicimos Babasónica dijimos “uh-uh, ¡qué serio!”… para seria está la vida.

¿Están ya preparando lo que va a seguir de Babasónicos? ¿Qué cara tiene?

Sí, pero todavía no tiene cara. No tiene nada. Pero cada uno estamos formulando deseos. Yo creo que casi estamos deseando ser una banda nueva. Hacer Impuesto de fe fue muy complejo, muy difícil. Si bien, en todos los discos tendemos a cambiarlo todo, este fue un cambio muy revolucionario. Imagínate que sólo suena lo que puede ser tocado, y creo que a partir de ese disco somos una banda nueva.

Es el primero que hacemos como si fuéramos una orquesta que supiera leer música -cosa que ninguno hace-; está planeado para ser un show de televisión y practicamos para repetir exactamente “el arreglo”. Y concluir una toma “exactamente” es milagroso. Supimos desde el día cero que nosotros no podíamos fallar. Que si había que hacer una toma veinte veces, había que hacerlas todas perfecto, y nos entrenamos como japoneses; dejamos el disfrute de lado y nuestra inteligencia sensitiva la pusimos en el lado que la ponen los ninjas. Fue todo un ejercicio que va a dejar un antes y un después de Impuesto de fe. Estoy agradecidísimo a Sony Music por darnos la idea y el apoyo. Yo supongo que el mundo no lo está dimensionando. Esto es una novedad que no ha sido fácil que repercuta en la venta pero es histórico. Decidieron inventar un formato nuevo y van a intentar que lo hagan otras bandas.

Y ahora estamos terminando otra grabación. Presentamos el material en el Teatro Colón, uno muy importante a nivel mundial. Es un anexo con otras canciones que no están en Impuesto

¿Qué tanto van a tomar de allí para Vive Latino?

Es el mismo show que vamos a hacer. Vamos a tener un escenario especial para poder hacer la puesta.

¿Les preocupa mucho la parte visual o eso se resuelve en cada show?

Aquí no. Lo que ha pasado con los años es que nos gusta mucho viajar, entonces no podemos llevar las puestas que a veces tenemos aquí. La gira que acabamos de hacer por México nos ayudó a definir cuánto es lo que podemos hacer. Somos rockeros auténticos. Primero va la música, después va la foto.

¿Cómo va la convivencia adentro de Babasónicos, hoy?

Súper. Para el manicomio.

Son muchos años de poner a prueba la amistad, ¿no?

El único punto ahora es decidir a qué gerontólogo vamos a contratar… [risas] Creo que [la amistad es] el objetivo principal que dirige todas las acciones. Obviamente no es fácil nada; no sabes, podríamos separarnos mañana también, pero siempre fue así. Nuestro objetivo era hacer, no sé 10, 11 discos, más todos los otros… Los objetivos, igual no son para ser cumplidos, sino que son móviles. Yo siento que Impuesto de fe hizo pensar que Babasónicos es una banda [de camaleones] con futuro.

 

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