Majestic Downfall: Delirante oscuridad

#SANGREDEMETAL

POR LUIS JASSO

Nunca es tarde para descubrir proyectos, y menos cuando se trata de bandas que tienen algo sólido y contundente que ofrecer, como Majestic Downfall. De origen, se trata de un concepto unipersonal del músico queretano Jacobo Córdova, conocido en las esferas metaleras por su participación por ejemplo en Zombiefication y Antiqua. Él es el responsable del concepto, la creación musical y la grabación de todos los instrumentos en lo que hasta ahora es una discografía de un demo, dos splits y cuatro discos de larga duración.

Lo que hace a esta banda tan especial es que crea su música desde la idea más primitiva del arte, que es hacerlo sin compromisos de ninguna especie. Su descarga de doom/death es primordialmente un tributo al gusto musical de Jacobo. Ya después, si lo que sale de esa experiencia es compartido por otros, bienvenido, pero no es música pensada para complacer a nadie. Esa libertad creativa ha provocado que Majestic Downfall sea un meteoro cargado con todos los elementos pesados de la tabla periódica, sin dejar de lado los toques melódicos.

Recientemente la banda fue la primera mexicana en tocar en el ya venerado e indispensable crucero 70,000 Tons of Metal, algo que más que un logro debe verse como un premio a la tenacidad. En el contexto global, lo de Majestic Downfall no es música para las masas, el doom es un sub género más de culto que de alcances multitudinarios, pero en México es además casi desconocido. Hay pocas bandas que entran de lleno en esa categoría y son menos aún las que hacen música tan bellamente confeccionada como la de Majestic.

Obviamente, al tratarse de un proyecto unipersonal, llevarlo al contexto de los conciertos en vivo requiere de más personal, y esa es otra de las claves del éxito del cuarteto: Alfonso, Dah y Aly Rom, los músicos que conforman la versión en vivo entienden de donde vienen esos sonidos, los dolores de cada nota lenta y pesada, las lentitudes casi desesperantes en los riffs o los cambios de velocidad que transitan como si una persona pusiera un pie delante del otro y caminara, en automático, con parsimonia.

Cada solo de guitarra duele como el más grosero desamor, pero al mismo tiempo sus notas son como bendiciones oscuras que llenan de alegría metalera los corazones. Cada riff en la batería es como un latido de corazón, por momentos parece una taquicardia macabra y después se vuelve una bradicardia pasmosa, dolorosa, contundente.

Hacen falta espacios en los que bandas que rompen los moldes clásicos de manera tan contundente se puedan mostrar, pero también hacen falta más seguidores de este sub género, que en México aún no despunta como podría. Por lo pronto, aunque su primer demo es del 2007, quien escribe asume con total entereza que pasó casi una década sin que el nombre de Majestic Downfall ocupara un sitio en su colección de sonidos. No importa, más vale tarde que nunca, dicen por ahí, y siempre será mejor descubrir una banda tan excelsa diez años después que morir sin haber conocido su existencia.

La ventaja de la modernidad es que es más fácil llegar al punto en el que lo desconocido ya no se encuentra enterrado tan profundo que se requiera de una labor detectivesca tan ardua para descubrirlo que termine por ser una pérdida de tiempo. Es decir, aunque sea como en mi caso por haber visto el nombre en el cartel de un festival y de ahí checar de que se trataba, siempre será mejor llegar tarde que no llegar nunca.

Luego de su presentación en el Morbid Fest XIII de San Luis Potosí, en una concha acústica espectacular, con una producción de audio impecable y a pesar del sol inclemente, Majestic Downfall salió con más fans de los que tenía antes de presentarse. No cabe duda que en México alcanza y sobra para presumir talento en el metal y que cada vez hay mayor difusión y público. Ojalá alguien por ahí escuche a esta banda y decida caminar sobre los carbones encendidos del doom y sus variantes y ese micro cosmos de sonidos angustiosos comience a tener mayor exposición.

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