LYKKE LI: SEXO, DINERO, SENTIMIENTOS Y MUERTE

“No puedo creer que ya esté aquí, la sangre, el sudor, las lágrimas, las ilusiones, los miedos, el tiempo, los años, los desvíos, las trampas, las dudas de mí misma, las ideas, la avalancha, la lucha por permanecer valiente. Hoy, baby, mujer y todo, te estoy dando todo lo que tengo, mi corazón, mi alma, mis sueños, mis canciones, mis lágrimas, mis lágrimas, mis lágrimas. De mí para ti. BIEN TRISTE, BIEN SEXY”. Con esas palabras, a través de redes sociales, Lykke Li anunció la llegada de so sad so sexy, su primer álbum después de cuatro años. La emotiva publicación resume parte de la travesía por la que ha cruzado en los últimos años.

TXT:: ORQUÍDEA VÁZQUEZ
FOTOS:: CORTESÍA DE SONY MUSIC MEXICO
LETTERING: ADRIANA GALLARDO

Si recordamos, en su último disco I Never Learn (2014), Lykke Li había experimentado la peor ruptura amorosa de su vida. Sin embargo, la cantante –de 27 años en aquel entonces– aún sabía poco de la vida y de lo que le aguardaba. so sad so sexy llega a nosotros después de haber vivido en dos años al menos tres de las cosas más fuertes que le pueden suceder a un ser humano: una separación, la llegada de un hijo y la pérdida de una madre. Tengan por seguro que la Lykke Li que hizo este álbum no es la que conocíamos de antes.

La vida golpea y uno sólo puede responder haciéndose más grande, la vida nuevamente golpea y entonces te cambia; la vida vuelve a golpear pero también te bendice con razones para seguir adelante… y para ir hacia delante no queda otra más que renovarse.

Los medios claman que se trata de la reinvención de una artista, algunos aplauden y otros abuchean dicha reinvención. Los detractores claman que suena a todo menos a Lykke Li, que se ha dejado llevar por la ola del sad pop que reina desde hace algunos años por actos como Adele, Lana del Rey o The Weeknd. Que ha dejado el folk y sólo quiere ser parte de la moda dejándose influenciar por los sonidos del hip hop, el trap o la música urbana. ¿De qué hablan? Desde su debut en 2008, Lykke Li contó con la colaboración de Drake para “Little Bit”, una de sus mejores canciones; en 2009 colaboró con Santigold, Kanye West y NASA para “Gifted” y en 2014 con A$AP Rocky para “No Rest For The Wicked”. ¿Recuerdan “I’m Good, I’m Gone”, “I Follow Rivers”, “Get Some”? Lykke Li ya estaba influenciada por el hip hop y ya acompañaba nuestros corazones rotos desde años antes que aquellos que hoy se hacen los tristes.

Durante la tormenta, Lykke Li se mudó a Los Angeles junto a un equipo de grandes productores, que eligió por ser gente que admira y respeta, tipos como Malay (colaborador de Frank Ocean y Zayn), T-Minus (Drake, Kendrick Lamar), Rostam (Vampire Weekend), Emile Haynie (Lana Del Rey, Eminem, Bruno Mars), Jonny Coffer (Beyoncé), Illangelo (Majid Jordan), Skrillex y Jeff Bhasker (Jay-Z, Kanye West, Mark Ronson), expareja de Lykke Li y padre de su hijo.

 

La vida da sus vueltas, y después de que dieran luz a un hijo en febrero de 2016 y meses después fundaran Liv, la súper-banda junto a Andrew Wyatt, Pontus Winnberg y Björn Yttling, hoy Bhasker y Li no están más juntos. Yo entonces estoy intrigada: ¿fue entonces esa ruptura la que inspiró el disco? ¿Cómo dejar que esa misma persona que te rompió el corazón te produzca las canciones que le dedicas? ¿Es una oda de los dos a la imposibilidad del amor?

En fin, en este disco Lykke Li nos obsequia el recuento de ese proceso, sea lo que sea es ya uno de los mejores discos del año, y para ahondar en él nos conectamos vía telefónica; yo nerviosa y ella algo cansada. Comienzo la conversación felicitándola por el lanzamiento del disco –realizado ese mismo día– y la publicación que leí horas antes en Instagram. Ella lo agradece y asegura que no sabe cómo sentirse, que es extraño, ha trabajado mucho tiempo en ello.

Sé que después del nacimiento de su hijo, cayó en crisis creativa, y entonces la cuestionó acerca de lo que más me resaltó de su publicación: la duda de sí misma: “Creo que es algo que le es inherente a muchos artistas, puedes sentirte muy elevado por el trabajo que estás haciendo y al minuto siguiente, pensar que eres la peor cosa que existe. No lo sé, puede ser muy tumultuoso el hecho de ser artista pero también pienso que fue en eso en lo que me ayudó mucho tener un bebé. Por ejemplo, hoy estuve casi todo el día haciendo prensa, ayer estuve en un show de TV (Late Show with Stephen Colbert), pero hoy sólo dar la vuelta por las calles de Nueva York con mi hijo me permite olvidarme de todo”.

Entre las convicciones más fuertes que tengo está el poder de sanación que tiene la música. El camino para Lykke Li últimamente ha sido difícil y sin duda ha impuesto algo en su música: “Siempre escribo sobre lo que pasa en mi vida y estoy muy agradecida de tener la música como una válvula de escape donde puedo afrontar las dificultades que se me presentan. Contar con un lugar para superarlas es algo que agradezco enormemente”.

Benditos somos los que tenemos la música, sí, pero nada quita que el miedo esté presente. Entonces la cuestiono sobre si existió temor en dar el giro a su música y la respuesta es sin titubeos: “No, me parece que siempre es importante empujarte a ti mismo, llegar al lugar en el que no has estado o hacer cosas que te atemorizan”. Lykke Li, repito, ha cambiado. Y lo siento en sus palabras, en su música, en sus videos. 

Me cuenta que finalmente se siente una mujer adulta, y sin duda quiero ahondar en ello, sobre lo que realmente significa madurar para Lykke Li: “Es estar cómoda en tu propia piel y saber que finalmente llegaste a ese punto en el que has pasado por tanta mierda que ya sabes qué quieres, lo que vales. Por fin sientes que puedes manejar esta vida”.

En entrevista con The Guardian, Lykke Li aseguró que si antes era feminista, hoy es next level. Todas sabemos de esa mierda que hemos tenido que aguantar e incluso a veces transformar. Mierda, mierda, mierda. Lykke Li sabe que estar triste no impide tener fuerza.

So sad so sexy está repleto de esa fuerza. Incluso todo el concepto visual del disco es fascinante: “Cuando supe cuál sería el título del álbum tuve muy claro lo que quería hacer: quería capturarme a mí misma finalmente siendo una mujer adulta y proyectar esa sensación que Los Angeles me ha dado sobre la soledad, la humanidad, el aislamiento, la cinemática y el realismo”.

Por su madre, Lykke Li fue nómada desde pequeña, constantemente se mudaba entre ciudades como Estocolmo, Portugal, Lisboa, Marruecos, India, Nepal y Nueva York. Incluso hoy en día no sabe a qué lugar llamarle casa, pero en Los Angeles parece que ha encontrado algo cercano a ello.

De hecho, uno de los lugares que más visita es México. Pocos saben que junto con Yola Jiménez, una gran amiga que conoció en CDMX, es dueña de Yola Mezcal, una marca de la bebida tan en boga en los últimos años. Para promover la marca organizan fiestas en las que invitados como Lady Gaga, Lana Del Rey o Sam Smith prueban cocteles y degustan sopes de cochinita. Me cuenta que justo ahora está en Nueva York con Yola y está noche tendrán otra fiesta. Le digo que México la ama y automáticamente me responde que ella ama a México. Me cuenta que recién grabó dos videos aquí, sí “Deep End” y “Hard Rain”, que de nuestro país le encanta la gente, la comida, la atmósfera, y las micheladas… sobre todo las cubanas.

La inspiración que una ciudad te puede dar te puede llevar a crear todo un disco; tus experiencias a desbordarlo.

Go big or go home y Lykke Li se atrevió. Incluso me cuenta que vocalmente significó toda una hazaña: “Cada canción es distinta a la forma que usualmente uso mi voz, así que fue difícil. ‘Deep end’ fue la que más intentos nos tomó para lograrla bien”.

Gracias por el atrevimiento. Gracias por el coraje. Por no querer repetirte, por arriesgarte, por desbordarte, por mostrarnos, como diría la NME, “la verdadera summertime sadness”. Por dejarnos tener el corazón roto, por dejarnos estar tristes sin dejar de ser sexys.

Hago entonces la pregunta, “¿cómo fue trabajar junto al padre de tu hijo?”. La única respuesta que recibo es: “Interesante”. Lykke Li siempre ha sido muy reservada con su vida privada. Inmediatamente me arrepiento y pienso que después de escuchar so sad so sexy, no necesito escuchar nada más.

Lykke Li me comparte que de un corazón roto hay mucho que aprender y en vez de huir de ello entre lo más importante se encuentra el recordarte que debes permitirte sentirlo y explorarlo. “Es una experiencia humana por la que todos pasamos… y todos sobrevivimos”.

Le cuento que la tristeza y los corazones rotos son algo inherente a su trabajo. Y ambas, dolencias universales. Me gusta rectificar con ella que no importa que tan deep hayas llegado, cuanta hard rain hayas llovido, qué tan bad woman fuiste, cuantas utopias te desilusionaron, cuántos better alone elegiste o por cuánto sex money feelings y deaths hayas tenido que pasar. Como dice “I Found a Reason” de Cat Power: lo que viene siempre es mejor.

Hoy Lykke Li tiene el mejor disco del año y la más grande utopía: su hijo.

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