Las 5 reglas que rigen mi gusto musical

#EnMisTiempos

Por Arturo J. Flores

1: Mi canasta suma, no reemplaza

Tengo un amigo que se avergüenza de haber escuchado a Bon Jovi en su juventud. La de mi amigo, no la del rubio de Nueva Jersey. Cuando conoció a Alice in Chains, el gusto musical de mi compadre se afinó, así lo piensa, y desde entonces desterró para siempre de sus playlists las canciones del rockero metrosexual.

Yo no funciono así. A mí me agradan Bon Jovi y Alice in Chains por igual, dependiendo de mi humor. Mi canasta musical aloja una mezcolanza de ritmos, géneros y amorfas criaturas sonoras. No es necesario expulsar a un ente para darle la bienvenida a otro. En su interior conviven la nueva de Naty Peluso con una clásica de W.A.S.P. Soy un promiscuo auditivo que colecciona agrupaciones, solistas, MC’s, orquestas, compositores, DJ’s y mashups.

2: Bailar no es escuchar

Hace muchos no bailaba. Primero separaba las piernas del piso para que me amputaran la izquierda que para echar un danzón. Con la edad le perdí miedo al ridículo y le cogí afecto a la diversión. Por eso firmé la amnistía al reggaetón, la salsa, la cumbia, el son jarocho, la EDM y toda aquella cuya único objetivo en la vida sea sacudir el cuerpo como si las pulgas se hubieran levantado en armas.

Esa es la razón por la que no juzgo a la monotonía percutiva bajo los criterios con que se aprecia la exquisitez del rock progresivo y los experimentos de Philip Glass. Existe música para escucharse y música para bailar. Y las dos se disfrutan.

¿Quién soy yo, en mi infinita arrogancia, para pedir que quiten a BrunOG de la pool party y que pongan a Björk? ¿Por qué habría de preferir dormirlos, joderles la fiesta y condenarlos a la frustración sexual?

3: La música me escoge, yo no escojo a la música

Uno no elige qué música le gustará. Por más que nos convenzamos de lo contrario. Si así fuera bastaría con apretar un botón para que nos entrara una canción de Enjambre o de K-chiporros en la cabeza. No es mi caso. La música es quien te escoge y se hace escuchar.

Me sucedió hace dos días. Raro pero en vez de cerveza, me apetecía un café. Infructuosamente busqué un local sobre la calle Regina en el que no vendieran alcohol ni estuviera poblado por escandalosos preparatorianos con las hormonas bullendo bajo el sobaco. Me metí por fin al único, no por el café, sino porque sonaba una canción que me atrapó igual que el perro guardián que hinca la mordida al intruso. Shazam no me pudo brindar la respuesta a causa del ruido ambiental. Me paré a preguntarle al barista de quién se trataba. Desde entonces grupo y canción habitan mi corazón. The desired effect, de Mother Earth.

4: Lo nuevo también es viejo

Escuchar música nueva es la consigna. Pero se nos olvida que también se puede volar en dirección opuesta al viento. Hacer que el reloj mueva sus manecillas al contrario. En el pasado también habita un océano de canciones que nunca escuché. Por eso me someto a la siguiente dieta: por cada disco de novedad que sale y me soplo enterito, me obligo a explorar en los 60, 80 y 90 en busca de uno que nunca antes haya escuchado. En resumen, encuentro lo nuevo yendo y viniendo del pretérito al futuro, para disfrutar mejor del presente.

5: Estúpido y sexy Setflist.fm, me jodiste la vida

Justo pensaba en ello el domingo a medio concierto de Depeche Mode. Una hora antes de que terminara, se publicó en un portal el setlist. A partir de entonces la sorpresa se convirtió en seguimiento de un guion. Aunque reniegue, mi humana curiosidad fue más fuerte que el deseo por experimentar la sorpresa.

Mis abuelos soñaban con la invención de la bola de cristal. Internet nos permite conocer el clima que hará, si enfrentaremos un embotellamiento y hasta nos obsequia unos segundos para ponernos a salvo en caso de sismo.

Pero Setlist.fm llegó para destruir, a base de spoilers, la pregunta que mi generación se hacía, apretujada en el Metro, cuando comenzó a disfrutar de los primeros conciertos en México: “¿tocarán ésta? ¿esta otra?”.

La modernidad inventó la vacuna contra la viruela y también contra la sorpresa. Pero, ¿cómo culparla? Si cuando va a uno a comprar un boleto quiere tener la seguridad de que escuchará su favorita. Me tocó tener un vecinito millennial en Depeche que se pasó el concierto multiplicando likes en Instagram como Jesús lo hizo con el pan. Sólo ponía atención cuando anticipaba por Setlist.fm que venía un hit.

Pronunció Albert Einstein: “No pienso nunca en el futuro porque llega muy pronto.”

A propósito, ¿cuáles son tus reglas?

#ENMISTIEMPOS – ALGORITMO DE MIERDA

Foto por Chino Lemus / Cortesía OCESA

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