La Maldición de Thelma: terror para los que saben ver

TXT: Toño Quintanar

Recientemente, el cine independiente se ha dado a la labor de retomar uno de los tópicos más transgresores del Séptimo Arte siniestro: aquel que involucra a personajes adolescentes quienes, representando las pasiones desgarbadas que son propias del coming of age, comienzan a sufrir una serie de experiencias brutales que no son más que una metáfora de esas fuerzas insurrectas que florecen con el fin de la niñez.

Este año, dicha misión recayó en los hombros de La Maldición de Thelma (la adaptación de los títulos no podía haber sido más desafortunada), cinta la cual, sin recibir el exageradísimo mame de varias de sus predecesoras (te estoy mirando, Voraz), cumple de forma más que acertada con la misión de transformarse en un dignísimo eslabón del género.

La cinta narra las desventuras de Thelma, una chica universitaria quien guarda en sus lazos sanguíneos una predisposición a lo sobrenatural que se encuentra estrechamente relacionada con los deseos de carácter transgresor.

El director  Joachim Trier no pierde el tiempo y nos instala de forma directa en una puesta en escena donde la sensibilidad femenina (aquella que hizo que desde tiempos inmemoriales se relacionara a la mujer con aquellos procesos diabólicos que atentaban contra la “pureza” funcional del patriarcado) se contrapone con aquellos cánones judeocristianos que han oprimido de forma invencible a la humanidad durante siglos.

A este mismo asunto se suma un empleo esteticista de la imagen fílmica que hace de lo siniestro un artilugio de belleza capaz de llevar al extremo las capacidades sensoriales del celuloide.

Mediante una serie de experimentaciones inmersivas que nos recuerdan a la violencia sensitiva propuesta por directores como Gaspar Noé, Trier ataca de manera despiada a los sentidos del espectador con el fin de generar una experiencia tremendamente sugestiva que, en ciertos casos, podría resultar físicamente dañina.

A pesar de que el concepto de esta cinta se está volviendo un lugar más que común dentro del cine subterráneo, no cabe duda de que su propuesta visual y narrativa la convierte en un exponente sumamente digno de ese otro cine de terror que cintas como It Follows y The Witch se han encargado de visibilizar durante los últimos años.

Advertencia: si usted es un amante de los sustos gratuitos y palomeros (La Noche del Demonio le parece la mejor saga de terror jamás creada) esta cinta no es para usted.

 

 

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