I, Tonya: pasión, locura y tragedia

TXT: Toño Quintanar

El mundo de la cultura popular es un asunto sumamente polivalente, ingrato si se le mira a partir de sus aristas más indecibles.

Nuestra historia contemporánea se encuentra regida por una privilegiada camada de visionarios quienes, mediante su desempeño en múltiples disciplinas, se han ganado un lugar de honor en la conciencia colectiva de nuestra sociedad. Sin embargo, ¿qué sucede con aquellos a quienes los propios reveces de la fama los han transformado en auténticos proscritos de la icnografía moderna?

I, Tonya (2017), de Craig Gillespie, es un acercamiento decididamente corrosivo hacia esas condiciones tanto esperanzadoras como desoladoras que rigen el sino de aquellos individuos quienes, haciéndole frente a las propias limitaciones de su contexto, deciden ofrondar su vida en nombre de sus respectivas pasiones.

La insólita historia de la patinadora olímpica Tonya Harding –narrada en clave tragicómica- se torna el pretexto ideal para sumergirnos en una narración tremendamente intensa que, por momentos, nos obliga a experimentar un auténtico nudo en las entrañas. Mismo asunto en el que tiene mucho que ver el increíble desempeñó actoral de una Margot Robbie quien se descubre a sí misma inmersa en un momento cumbre.

Al mismo tiempo, el guión –que por momentos parece extraído de una fantasía hilvanada por Martin Scorsese– se destaca como una inteligente joya repleta de particularidades temporal-narrativas las cuales se ven aderezadas por una remarcable fotografía que adquiere sus matices más sorprendentes durante aquellas escenas en las que Robbie se encuentra en el hielo.

Mediante una serie de refulgencias humorísticas que alcanzan una naturaleza verdaderamente negrísima, Gillespie maquilla una historia del mundo real que bien podría definirse como la representación por excelencia de esas inclemencias que son tan propias de un contexto occidental el cual no tolera el surgimiento de seres paradigmáticos quienes, a pesar de su entrega y sacrificio, no cumplen con los estándares de corrección demandados por la cultura del éxito.

En su función de obra paradigmática, I,Tonya nos ofrece una importante reflexión acerca de ese fenómeno multiforme e inasible al que llamamos “verdad histórica”; mismo experimento que deja en claro la propia incapacidad del dispostivo fílmico para definir una realidad absoluta, ya que existe todo un caudal de procesoso subjetivos y perspectivistas que intervienen en la codificación de nuestra realidad humana.

Sin duda alguna, una interesante propuesta que, sin recurrir a pretensiones, realiza todo un ejercicio deconstructivo acerca del panoptismo fílmico.


 

 

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