Hay sueños que no contamos porque si los contamos se vuelven reales y la realidad nos asusta. Escribe Martín Rangel.

#fosacomun
Una columna de Martín Rangel
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Hay cartas que nunca decidimos jugar. Hay sueños que no contamos porque si los contamos se vuelven reales y la realidad nos asusta. Estar vivos nos asusta. La sensación de vacío: somos humanos. Incómodamente orgánicos. Quisiera, ¿quisieras tú ser más máquina que humano? Dímelo antes del corte. Dímelo antes del arte. Dímelo como si fueras un ídolo o una página en blanco. Pídeme lo que quieras, igual no lo voy a cumplir. Devórame como la industria musical a los artistas. El regalo de tu vida serían unas vacaciones al infierno. Arthur Rimbaud maneja el auto en el que viajo y nos vamos a estrellar y es ridículo, pero igual lo hacemos. He vivido todo lo que no he vivido y el resto lo puedo simular. Simúlame como inteligencias artificiales coordinadas para destruir todo lo que conocemos. Defiendo mi soledad a capa y espada aunque no tengo capa ni espada. Conozco demasiado mis defectos. Soy una persona difícil, pero resolver cubos de Rubik lo es más. Para poder también y tú lo sabes: pon un hasta aquí. Hasta aquí es imposible llegar lejos de la madrugada y los niveles de stamina en el organismo. Hay que dormir a veces. Reservarnos la luna y los insectos que cantan en la noche. No hay noche, hay simulación y me enorgullezco de ello. No podemos cantar canciones que no conocemos, y sin embargo lo hacemos. Nos amamos para las cámaras y los micrófonos. Qué incómodo, y qué real, el silencio. Ahí viviremos siempre. Es nuestro derrotero final. Ojalá lo recuerde, después. Ojalá pudiera recordarlo.

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