Entrevista con Mike Garson, el pianista de David Bowie

Platicamos con Mike Garson sobre su relación con David Robert Jones

Apenas pasaron dos años de que el Duque blanco nos dejó para -como algunos dicen- unirse al universo de donde provenía y aún lo extrañamos. Todos sabemos que el legado que David Bowie dejó, vivirá por siempre en la tierra. No hay mejor manera que honrar su prolífica trayectoria que un homenaje realizado por leyendas, que compartieron su universo musical.

Mike Garson es un pianista de larga trayectoria en el mundo de la música, Garson ha trabajado con grandes músicos como Nine Inch NailsBilly Corgan y The Smashing Pumpkins. Fue un integrante clave para la banda live de David Bowie, en 1972 se embarcó en la gira de Ziggy Stardust que duró varios mesesPlaticamos con Mike Garson sobre su relación con David Robert Jones

¿Cuál señalarías como tu recuerdo más entrañable en el escenario con David Bowie?

Ese es improvisando un solo de piano a la mitad de “Life on Mars” con él. Cuando tocaba un solo particularmente bueno, David esbozaba una sonrisa enorme y me hacía un reconocimiento con el público, justo ahí, en el momento. Tenía una calidez mucho más allá de un simple “gracias”. Su sonrisa decía más que mil palabras. 

¿Cuál señalarías como tu recuerdo más entrañable fuera del escenario con David?

Es algo triste, pero allá en los noventa, cuando mi padre falleció, David se me acercó a darme sus condolencias con una gracia enorme. Es muy difícil describir la gran compasión y calidez de su voz cuando lo hacía. 

En un espectáculo, siempre hay pequeños errorcillos aquí y allá. ¿Recuerdas algunos de los más divertidos y recurrentes en una gira con Bowie?

Por mucho, el más chistoso jamás fue en una transmisión de televisión en vivo, en París, a finales de los noventa. Estábamos tocando “China Girl”, que tenía una intro mía de piano, de 10 segundos, con la que David y todos los coristas marcaban su entrada de voces. Desafortunadamente toqué la introducción en una nota equivocada y los coristas no iban a encontrar su tono para entrar. Mientras tocaba me di cuenta y pensé “¡Oh, no! ¡La estoy cagando aquí”. Ocho caras que parecían “venados sorprendidos por los faros del coche” me miraron en pánico -incluyendo a David. De alguna manera ¡todos entraron en el tono indicado a pesar de mi terrible error! Los meses siguientes, cada vez que tocábamos la canción, todos en el grupo volteaban a verme en esa parte…

Como músico, ¿alguna vez tuviste alguna decepción trabajando con David?

Jamás. Cada proyecto en el que estuve, los 20 álbumes en donde toco, los 1000 conciertos en los que lo acompañé, cada uno fue mágico, porque, si alguien no lo sabe, David era un profesional consumado con una atención prodigiosa a los detalles más pequeños. 

¿Cuál es tu acercamiento a los personajes siempre cambiantes de David en su trayectoria?

David no tenía otra opción que seguir un camino multidimensional debido a que era una persona tan renacentista. Siempre esperaba en suspenso a su siguiente ocurrencia de estilo. Durante los primeros dos años que trabajé con él, entre 1972 y 1974, David tenía cinco bandas distintas. Terminó por despedir a todos excepto a mí. Como cambiaba tanto de estilo, los músicos no le seguían el paso. Yo fui afortunado de haber aprendido muchos estilos de piano, incluyendo clásico, jazz, pop, rock y gospel, así que podía ser “maleable” para él. Esa fue una de las cosas que nos conectaba: siempre estábamos empujando las fronteras con nuestra música. De hecho, haciendo el show que viene en México, además de homenajearlo con todo respeto, estaré sumando nuevos elementos a la ejecución. Eso es lo que David hubiera esperado de mi. 

¿Te viene a la mente el show más exigente y atropellado que hicieron en su trayectoria?

Fue en 2000, en Glastonbury, con 250,000 personas de público; cuando íbamos camino al escenario, David me pidió animar a la audiencia solo, con el piano únicamente. Salí, vi el gentío, me senté al piano y ¡no sonaba! Como cincuenta técnicos se subieron a tratar de encontrar el problema y resultó que el teclado tenía el volumen en cero. Si hubiéramos salido todos a tocar el tema abridor, “Life on Mars” que empieza con piano y voz hubiera sido horriblemente humillante. Fue una suerte que me tocara ser el “conejillo de indias”; tres minutos después todo marchaba perfecto, pero no dejaba de sentir “la mirada del público”. 

¿Alguna vez pensaste en algún artista que hubieras querido que los acompañara en concierto?

Siempre estuve más que feliz nada más de tocar con David, porque su visión abarcaba tanto. Nunca sentí que me faltara algo más. 

¿Cuál es el comentario más común que te hacen al decir “Yo toqué con David” y el más común cuando estabas de gira con él?

La gente siempre quiere saber cómo era. Si era buen tipo, divertido, inteligente, con los pies en la tierra, si me sentía honrado por tocar con él. La respuesta a todo eso siempre fue “sí”. Abajo del escenario siempre fue un tipo muy normal. Al subirse se convertía en un súper hombre. 

¿Qué es lo que más extrañas de David Bowie?

Hacer música con él. Estar juntos en el estudio y el escenario. Extraño la música y por eso disfruto tanto la gira Celebrating David Bowie. Estoy muy feliz de poder estar en la Ciudad de México celebrándolo con todos sus seguidores.

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