Dio, el pequeño gigante del metal

POR LUIS JASSO

Ronnie James Dio habría cumplido 76 años esta semana. Es difícil saber si seguiría activo y si su voz engalanaría aún el género que lo ha catalogado como uno de los mejores cantantes que ha dado la historia. Murió de cáncer en 2010 y dejó un vacío que hoy se entiende como el de un grande que vivirá siempre en las decenas de canciones que escribió y cantó con bandas como Elf, Rainbow, Black Sabbath/Heaven and Hell y Dio. Hoy se trata de reconocer lo que Dio hizo en vida y ponerlo en su justa dimensión.

Dicen que el tiempo todo lo cura, pero en este caso, más que curar, ha ayudado a entender que lo que el pequeño cantante estadounidense logró: ser consagrado como el mejor cantante de metal de la historia. Se dice fácil, pero se trata de un género que cuenta con nombres como Rob Halford, Ian Gillan, Bruce Dickinson o David Coverdale. Como sea y para lo que pueda valer, desde la perspectiva de quien esto escribe y con el plus de haberlos visto en vivo a todos ellos y a casi todos los que han ostentado el título de “Mejor Cantante de Hard Rock y/o Metal”, Dio fue el más grande.

 

Nunca fue de altos rangos, fue más de control de una poderosísima voz que nunca se rendía. Además, y eso era algo que lo distinguió de prácticamente todos sus contemporáneos, era un artista de la voz. Escribió siempre sus letras y por ello sabía bien de qué trataba a cada una y entonces las actuaba con su voz. Pequeños matices tal vez, en ocasiones grandes contrastes, diferentes tonos, a veces más graves o más agudos, a veces como murmullos y en ocasiones como huracanes imparables salidos de su garganta.

Un día podía transmitir la angustia existencial del personaje en “Stargazer” que descubre que el supuesto Dios que adora terminará por ser un falso profeta y al otro llevaba al escucha al borde de las lágrimas con sus portentosos cambios de tono cuando invitaba al escucha a vivir con algo de oscuridad para saber que está vivo en la maravillosa “And All the fools sailed away”. Dio era un cuenta cuentos que sabía componer dentro del marco del rock duro y era además un artista que sabía que cada pieza merece su propia vida, y así, a cada una de sus canciones las dejo vivir, recorrer su propio camino y encender sus propias antorchas.

Como letrista casi siempre tuvo un pie en lo literal y otro en lo misterioso. Sus canciones tenían un tema que aparentemente era claro, sin embargo también se prestaba a diversas interpretaciones. Ahí está por ejemplo “Heaven and Hell” y su maravillosa exploración de la dualidad del ser humano que nunca atina a entender del todo cómo ponerse en un justo medio entre ambas situaciones, y ahí, en esa disyuntiva, muchos se quedan en una especie de limbo moral en el que nadie gana.

En “The Last In Line” por ejemplo yo siempre he creído que nos habla a los metaleros, que s refiere a nosotros, que somos esos que describe como los últimos en la fila. La pasión que transmite en cada palabra, la convicción con la que describe lo que miles sentimos era una especie de bálsamo para el espíritu, una caricia para saber que no importará jamás que haya quien se burle o abuse de ti porque al ser el último d la fila tienes tiempo de vivir, conocer, saber, descubrir y mostrar. La dualidad que vive el personaje en la canción es una que hemos sentido millones de metaleros en el mundo, y el no solo lo entendía sino que sabía transmitirlo con palabras y encima de todo; lo cantaba con una voz tan poderosa como el trueno de una gran tormenta, aunque al inicio lo hacía con tal suavidad que parecía que un ángel te tomaba la mano para llevarte con él a esa misma tormenta y pudieras transitar por ella sin temores.

Con Dio nos caímos de la orilla del mundo, descubrimos que teníamos corazones sagrados, le dedicamos larga vida al rock and roll, leímos de la Biblia negra, supimos que a pesar de todos éramos arcoíris en la oscuridad, nos angustiamos por los crímenes de la Tv, nos entregamos al pozo de deseos, fuimos los amos de la luna y muchas cosas mas. Sin Dio, el mundo del metal es otro, uno más triste, por eso, ¡Larga vida al Rey! Donde quiera que esté.

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