Cuando la música requiere de TODA tu atención: "The Violent Sleep of Reason", de Meshuggah

TXT | FOT :: Carlos Martin Schwab

Así como hay música “easy listening” (fácil de escuchar), término basado su simpleza y en su facilidad de comprensión total -la que usualmente usas como música de fondo para tu trabajo-, existe también música definitivamente difícil de escuchar.

No me refiero al bombardeo de los Top 5 de radio y TV (que es algo que, como muchos, elijo no escuchar) sino a ciertas bandas dentro del universo del heavy metal cuya música tiene tanta potencia como complejidad rítmica y melódica; música que, detrás de una pared sonora que mucha de la gente que conoces define como “puro ruido”, se esconden un sinfín de detalles y matices que solo pueden ser captados y disfrutados si le prestas tu mayor atención.

Formada en 1991, a Meshuggah le ha bastado apenas ocho discos de estudio para haberse convertido (y lo que es más difícil, haberse mantenido), como los líderes del math metal, ahora conocido como “Djent”, y que para la banda no pasa de ser más que puro y duro metal progresivo; el clásico encasillamiento en subgéneros.

Pioneros de esta complicada manera de componer música, cuesta entender por qué siguen siendo “La” banda, aún cuando hoy en día algunos de sus discípulos llegan a un muy alto nivel -por ejemplo, Periphery y Monuments-, y llevado el metal progresivo a otro nivel estilístico: el djent.

Considero que mientras que el djent ha girado hacia algo más accesible, emocional, climático y “lindo“, Meshuggah nunca ha renunciado al pilar desde el que fundaron esa catedral del riff monolítico: el metal extremo.

Meshuggah sigue siendo una banda que, aunque ha ido evolucionando su sonido -o mejor dicho, haciéndolo más grande-, siguen sonando oscuros y demenciales, y eso es un aval que les dignifica en una escena cada vez más proclive a caer en las redes comerciales, de contentar a la mayoría, de tal forma que la mayoría de las bandas djent hoy día aspiran más a ser Animals as Leaders con vocalista, que a rendir pleitesía al metal extremo que siempre ha abanderado Meshuggah.

Y para mantener tus ideas intactas, sacando cada tantos años un disco que va tanto al shock como a hacer sangrar oídos (algo que incluso quienes escuchan lo último en metal van a calificar de excesivamente ruidoso y extremo), tienes que ser realmente bueno.

Con The Violent Sleep of Reason (2016), estos suecos depuran ciertos aspectos que en los últimos años habían lastrado algo su reputación, dejando de lado el exceso de industrial y apostando por un sonido más crudo y más cercano a los grandes discos que le dieron la fama.

El haber grabado “en vivo en estudio” le resta perfección fría y le añade más vida: más sangre y menos máquina. Los detalles y matices a los que me refería al principio de mis líneas evidencian un disco más calibrado y redondo, donde no falta o sobra nada.

Además, es un disco muy directo y tremendamente virulento en sus formas, una gran maquinaria de agresividad controlada que nos deja sin aliento y con las neuronas castigadas.

Y ciertamente una escucha completa del disco marea, porque el cerebro humano no está preparado para ciertas cosas… Una canción al día sería una dosis adecuada.

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