¿Y a mi qué?

Esta semana los medios de comunicación en el mundo están divididos en dos locaciones (y los de México no son la excepción): El Vaticano y Londres.

 
En el primero, nos van a contar la historia de Karol Wojtyla, el papa viajero, y su proceso de beatificación que se realiza el próximo primero de mayo.
 
En el segundo, periodistas de todo tipo intentarán llevar a detalle el cuento de hadas entre el desabrido príncipe Memo y la muñequita de aparador, Kate Middleton, que contraerán matrimonio la madrugada del viernes, hora de México.
 
Televisoras, radiodifusoras, periódicos y sitios de internet nos van a presentar esta historia de Disney en carne y hueso… Unos de forma más afortunada que otros, si no me creen, échenle ojo al intro mamarracho de la cobertura de Adela Micha, aderezado con Starlight de Muse (¡y la rola sí me gusta!).

¿A mi qué chingados me importan la boda o el papa? Esa es una de tantas preguntas que me ha tocado escuchar los últimos días.
 
La respuesta es todo un misterio sin resolver, pues es cierto que en ambos casos las coberturas se alimentan del morbo y la fe. 
 
El Papa John, perdón… Juan Pablo II, cuenta con la simpatía de medio México católico. Basta recordar que no hace mucho se erigieron estatuas y bustos (de esculturas, no de copas B y C) en su honor y se llenó el Estadio Azteca para rendirle un homenaje…
 
Mientras que el príncipe y su boda de “ensueño” hace suspirar a todas las doñitas que quisieran pertenecer a la realeza; sentimiento impulsado gracias a películas como La Bella Durmiente o La Cenicienta (¡ñac!).
 

 
Con todo respeto, ambos eventos no aportan un comino a la vida diaria. Depende de su humor y sin quehacer el que los vean, o no.
 
Si quieren conocer la ampolleta con sangre del papa, que servirá de recuerdito en la beatificación (¡ñac de nuevo!); si tienen humor para aguantar el “tu eres mi hermano del alma, realmente el amigo..” una y otra vez; así como recordar el atropellado “México siempre fiel” y los espejos que dejaron ciego al piloto del avión papal…
 
Si pueden levantarse en la madrugada a ver la boda, si andan de humor para criticar vestidos caros y sombreros sofisticados, si quieren piratearse una idea para su propio casorio, ¡pues órale!

 
Ahora que si tienen un bautizo, una pachanga de cumpleaños, un libro a medias, una tesis que redactar o una lista sabrosita para crear en el iPod, pues mejor dedíquenle tiempo a eso.
 
Lo que sí no pueden dejar se hacer (aunque los medios no lo pongan en primer plano) es olvidarse de temas trascendentales como la Ley de Seguridad Nacional, las reformas laborales y política.
 
El reinicio de operaciones o la inminente desaparición de Mexicana de Aviación, las fosas clandestinas en Tamaulipas y Durango (que juntas suman más de 200 cadáveres… y contando), los asesinatos de jóvenes y las perspectivas de crecimiento económico del país…
 
Y si a eso tampoco le quieren poner atención, pues ¿a mi qué?

 

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