Carlos Zanón a través de poemas que transpiran Rock & roll

Por Juan Carlos Hidalgo 

Nada debería estar vedado para la poesía; ni lo insondable, tampoco los enigmas científicos, las canalladas o los enormes abismos metafísicos… mucho menos el gozoso territorio de la música, habitado por enormes canciones que ofrecen respuestas y confort mucho más eficientes que las proporcionadas por cualquier tipo de terapia o psicoanálisis. En ello hay un bienestar inmediato, directo y simple.

Y no pretendo convencer al resto del mundo sino encontrar cómplices. Porque cuando la poesía se entrevera con la música el placer tiende a maximizarse. Entonces lo que se imponen son los escritos.

“Buscamos las viejas caricias, los abrazos

que dejamos apenas dibujados

para que otros los acabaran en una noche joven

de cerveza y rock`n`roll”

 

Se trata de un fragmento de El día de los muertos vivientes, uno de los poemas que constituyen a Rock and Roll, el libro que Carlos Zanón ha publicado en 2014 a través de 66 rpm Edicions –una iniciativa que ama profundamente dicha combinación-. Y que ahora da continuidad a la faceta menos conocida de un escritor que dentro del panorama de la novela negra ha sido premiado y reconocido no sólo por la prensa sino que cuenta con una amplia base de lectores –algo fundamental para un artista-. Pero antes de seguir disertando, vale la pena dejar que partes de los textos sigan desfilando.

“Y es que fue tan divertido ser quienes fuimos,

la verdad de todas las verdades.

De sillón a sillón Paul y John

escupiéndose canciones

con sabor a novillos, tabaco americano,

lluvia sobre los adoquines y rastros de bicicletas

en la tostada del desayuno”

 

He aquí un trozo de vida y un shot de nostalgia beatle inserto en One, Two, Three, Fouaw! de parte de un autor cuyas últimas dos novelas, Yo fui Johnny Thunders (2014, Ed. RBA) –Premio Dashiell Hammet- y Marley estaba muerto (2015, Ed. RBA) han consolidado una carrera que le ha llevado por el periodismo, la crítica musical y literaria (tiene en su haber Bee gees: la importancia de ser un grupo pop (1993, Ed. Júcar) y De Ville: El hombre a quien Rosita robó el televisor (2003, Ed. Milenio) y hasta por la escritura de alguna canción para su buen amigo Loquillo, con quien además de ánimo generacional comparte pasiones y un conocimiento profundo de la Barcelona más arrabalera.

zanon

Con una trayectoria que fue en franca alza con la aparición de obras como Tarde, mal y nunca (2009) y No llames a casa (2012), lejos han quedado los días en que formaba parte del grupo Alicia golpea, en que se graduó de la licenciatura en derecho y comenzó a incursionar con la poesía editando El sabor de tu boca borracha (1989) e Ilusiones y sueños de 10.000 maletas (1996). En los últimos años ha sabido moverse entre los bajos fondos y el extrarradio catalán, retratado la complejidad social y la desigualdad económica y ello no obsta para que regrese a la poesía y a versos que reivindican su melomanía y su fervor por músicos como Elliot Smith –a quien dedica una pieza-, pero también pueden evocar a un onehitwonder como Chris Isaak sin perder el garbo y manteniendo también un halo amoroso que no es manido ni sobado. En El hombre tranquilo suelta:

“Letras, músicas y esta soledad nuestra de astronautas

que descubren el universo entero,

los dioses crucificados, Mahler,

la arena de las playas y las ruedas de las motocicletas,

que, en definitiva todo,

absolutamente todo fue hecho

para cruzar el Puente Veccio y que tú pasaras…”

 

Y es que si hace lugar para el jazz escribiendo con Miles Davis y Benny Carter como pretexto, también sorprende con un poema dedicado a un productor tan rudo y ruidoso como el mismísimo Steve Albini, para también evocar al Rey del rock and roll dejando de lado la apología y metiéndose hasta la intimidad de un ídolo devastado y en sus peores momentos.

“Y él es huérfano, gordo y está solo

y siete plagas para el hombre más solo de la Tierra,

a orillas de las aguas de Graceland”

 

Elvis left the Building es un poema agrio, triste, que paradójicamente abre un libro lleno de gozo y electricidad desbordante. Con ello Zanón (nacido en 1966) demuestra que sabe dosificar las emociones y las intensidades. De repente estamos ante la muerte de una figura histórica para luego tomar carretera en un Dodge 3700 GT, bebernos una ginebra Larios o recordar a los Psychedelic Fours en un poema llamado como uno de sus mejores temas: El fantasma en ti.

En fin, un libro de poco más de 60 páginas, que se consume tan rápido como una canción de los Sex Pistols (presentes en otro texto) de espíritu libérrimo y que no espera convencer ni a académicos y mucho menos a tradicionalistas. Aquí hay escritura y rock and roll trotando a rienda suelta; tal como ocurre con un personaje como Rusty James, protagonista de Rumble Fish (La ley de la calle), película dirigida por Francis Ford Coppola y estrenada en 1983. Al evocarlo se explicita que cada autor construye y alimenta su épica y mitología con aquello que más lo estimula y provoca placer.

“Roy Orbison nunca nos lo perdonó.

“In dreams” cantado a través de una máscara de oxígeno,

El astronauta, tú, no supiste volver.

Creímos ser lo suficiente fuerte para leer

el lenguaje del corazón, el monstruo…”.

 

En el prólogo, Luis Boullosa se pregunta: “¿Qué fue de los héroes que íbamos a ser?” Y la razón le asiste… pero aquí hay poemas que van a la pelea aun sabiendo que la vida pone a la derrota por delante.

 

 

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