Carlos Sadness y la chispa pop de una idea salvaje

Por Juan Carlos Hidalgo

En ocasiones hay que dejar que una canción nos muestre su grandeza aun cuando no sea complicada en su estructura ni en su lenguaje; así es la magia de las canciones… inexplicable, gentil, espontánea. Y la que abre esta historia dice: “Apaga las luces del universo que voy a empezar a contarte los huesos… Y quiero que el cálculo sea imperfecto”. Esta delicia de indie pop es “Perseide”, concebida por Carlos Sadness y que arranca por un punteo de guitarra medio africanista para que luego siga ese flow de una declaratoria a la que se puede llamar spoken Word pero no rap: “Que siempre nos quede un error milimétrico… Y claro que la astronomía de tu anatomía se basa en unir los lunares con líneas”.

Aunque muy pronto el tema cobra velocidad y ritmo aparcando el fluir de palabras y yéndose hacia el canto y eso de verso-coro-verso que tanto nos ha durado. Se trata de un deseo juvenil, de una poesía sencilla y urgente: “vamos a hacer que se pare el tiempo en la constelación del asiento trasero”.

Y es que luego exigimos demasiado, tanto a los músicos como a sus creaciones, y esperamos grandes sacudidas y acontecimientos mayúsculos que no siempre son viables; a veces lo más directo y amoroso nos puede satisfacer apenas soltando un: “Efímera, frágil, viniste”. Y tal es el hilo conductor de La idea salvaje, un álbum que no escatima en esa búsqueda de lo esencial y para ello tira de temas que se pegan a la primera como “No vuelvas a Japón”, que este cantante e ilustrador de 29 años, y que antes fue conocido con Shinoflow, ha ido haciendo su sello, desde que debutara en 2007 con El Presidente de los Estados de Ánimo.

Lo que comenzó como un fenómeno de redes y plataformas se fue extendiendo y seduciendo a un público de su generación. Nadie puede reprocharle las elecciones al rodearse de gente del medio; primero del músico y productor Fernando Vacas –experto en incursiones indies- para la película Fuga de cerebros y luego con Pito Cubilla, manager que trabajó largamente con Alaska y que tuviera un papel clave en la historia de Héroes del silencio; este hombre lo llevó a Los Angeles, donde Carlos cuenta que tuvo una revelación –que también tiene su parte naif-: refirió que en la ciudad querube tuvo una serie de sueños en los que aprendió una manera completamente distinta de componer y entender la música. No en vano L. A. es uno de los lugares míticos, pero con una actualidad igual de influyente –sigue en efervescencia-.

De regreso en España, ahora fue Sergio de Miss Caffeína quien le dio sus consejos; estaba cierto de tomar cosas del folk y enriquecer su lado indie. 2010 resultó un año magnífico porque participó en 3 discos de homenaje: El alpinista de los sueños (Tributo a Antonio Vega), Hechizo, dedicado a Héroes del silencio y, finalmente, en Intemperie de Luis Eduarte Aute (algo le verían gente tan distinta entre sí).

Luego vendría Ciencias celestes (primer disco con el actual nombre), Lp en el que colaboran Zahara e Iván Ferreiro y en el que cada vez más se acentúa esa incursión a través de una poesía doméstica sencilla que no por ello tiene que ser bobalicona o simplista. Sus accesibles canciones se pasearon por distintos festivales españoles y también interesaron a las marcas comerciales. Hacía el final del 2013 y ante el duro trabajo se dirige rumbo a Monte Perdido para concentrarse en componer y aún así realiza un documental del mismo nombre que lo muestra trabajando rodeado de naturaleza. De ahí surgieron varios de los temas que le darían cohesión a La idea salvaje y que antes estuvieron en un Ep.

A Carlos Sadness hay tres cosas que le interesan bastante: los asuntos amorosos, la temática cósmico-espacial y referencias a la playa y su bohemia. Y su tercer disco reboza de los tres –ya sea sueltos o hasta combinados-, como en el caso de “Miss Honolulú”, que posee un sesgo trágico e hilarante; al comienzo ahí vamos de nuevo con esa parte naif: “¿Quién podrá soportar la presión de salir contigo en la foto rompiendo tu gama de color pastel?”, para que luego el coro contenga una intención muy chistosa: “Pero te voy a matar cuando me acabe de peinar”. Todo envuelto por una melodía que se unta como bronceador en la piel.

Pero resulta que todo este clavado a detalle en La idea salvaje se requirió cuando salieron a la venta los boletos para el primero de sus conciertos, que dará a comienzos de octubre en el Lunario, y resultó que se vendió la primera fecha en tan sólo 25 minutos y básicamente con gente formada en la taquilla. ¿Cómo es que a los amantes de la música española se nos había pasado desapercibido este artista? A la postre agotó tres fechas rápidamente. Con lo que se comprueba que en tiempos de las redes sociales los artistas desarrollan a una serie de seguidores más allá de los propios medios de comunicación. Lo que también habría que consignar es que se trata de su primera visita a México –ya completamente exitosa de entrada-.

Con todo, también hay que apuntar que su personalidad musical sigue en formación y denota muchas influencias; se siente cómodo hurgando en The Postal Service,Cut Copy y Two Door Cinema Club, pero se lastra al parecerse demasiado en los recitados al estilo Delafé y las flores azules; no es fácil acercarse a su universo de hip hop edulcorado y cursilón. Es algo que poco a poco puede ir dejando de lado; queda en evidencia sus propios recursos. En “Bikini” suelta un grácil: “Barcelona te quiere, pero no tanto como yo/ el día que estuviste triste la Rambla se congeló”.

Así La idea salvaje tiene como otras piezas sobresalientes a “Que electricidad” –tal vez su sencillo más difundido- junto a “No vuelvas a Japón” con Santi Balmes de Love of Lesbian y “Sputnik (El día que dejaste la tierra). Seguro los millenials no lo sabrán pero se trata de un aprendiz aventajado del pop finísimo que hacía el inolvidable Carlos Berlanga (Alaska y Dinarama). Mientras tanto pueden seguir dentro de una esfera multicolor que infla el pop luminoso que de un músico que desde las distancias cortas conquista el espacio exterior.

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