De freaks falsos y freaks verdaderos

Los freaks ingresaron a la cultura popular a raíz de la inquietante película que hizo Tod Browning en 1932, y que lleva como título dicha palabra. Desde entonces, un freak es un fenómeno, un ser extraño, insólito, exótico, descompuesto o para decirlo en el correctísimo lenguaje post Teletón: un ser con características y capacidades diferentes.
 
A mediados de los sesenta, en medio de la llamada contracultura hippie, surgieron dentro del rock personajes que obedecían a esas singularidades friquianas. Agrupaciones como The Fugs, Captain Beefheart and His Magic Band, The Bonzo Dog Band o The Mothers of Invention –encabezada por el freak por antonomasia– el genial Frank Zappa, tenían una propuesta artística muy diferente a la del mainstream contracultural, al flower power que pregonaba el haz el amor y no la guerra. Discos como The Fugs, The Doughnut in Granny’s Greenhouse, Trout Mask Replica y, sobre todo, Freak Out y Absolutely Free proponían una visión del mundo sardónica e irreverente, absoluta y perfectamente freak. Esto se complementaba de manera más que saludable con la obra gráfica de otro freak de freaks, el gran Robert Crumb y sus cómics salvajes que desnudaban y ponían en evidencia al american way of life.
 
Esa fue, por llamarla de alguna manera, la época de oro de los freaks, quienes con los años demostraron ser los tipos más cuerdos del planeta (ahí están la trayectoria y el más que articulado discurso del propio Zappa para demostrarlo).
Más adelante habría otros freaks en la música (bandas como The Residents, Primus o Butthole Surfers lo fueron de uno u otro modo, aunque jamás se jactaron de ello) y en la propia cultura popular norteamericana (con gente tan delirante como Harvey Pekar y Daniel Johnston). Sin embargo, hasta ahí llegó la cosa y lo que hubo después fue más bien una ridícula caricatura de lo freak, con bandas como Insane Clown Posse, Limp Bizkit, Bloodhound Gang y Slipknot o farsas actuales como Lady Gaga. Incluso gente más interesante, como Marilyn Manson o Rob Zombie, no alcanza esa categoría.
 
En México, lo más cercano a lo freak no ha estado en la música sino en la política y en el mundillo de la farándula, y eso más por obra de los cirujanos plásticos que por el desarrollo de una idea crítica y cáustica de nuestra realidad (quizás un escritor como Parménides García Saldaña estuvo cerca de ser el freak mexicano que nunca hemos tenido, pero su muerte temprana frustró esa posibilidad que tampoco se logró con personajes como mis muy estimados Capitán Pijama y Dr. Fanatik, quienes siguen empeñados en ello y no descansarán hasta conseguirlo o morir en el intento). Así pues, deberemos conformarnos con seudofriquis como Elba Esther Gordillo, Lucía Méndez, Alfredo Palacios o Carmen Campuzano (no vale la pena mencionar a ese mal intento de freaks en el rockcito nacional que es Moderatto, un grupo de verdadera pena ajena).
 
Para finalizar, una petición a la Real Academia de la Lengua: que se adopten palabras como el verbo friquear y sus derivados friqueante y friqueado, ya que en nuestro idioma no existen vocablos que definan de manera exacta lo que el término significa en inglés. No es igual decir “estoy friqueado” que “estoy sacado de onda” o “estoy desconcertado”, etcétera. La contundencia no es por mucho la misma.
Freak out!