Desde Gran Bretaña: dos poemas sobre animales

#fosacomun
Una columna de Martín Rangel

TXT :: Jack Underwood / Matthew Gregory | SELECC y TRAD :: Martín Rangel

Matthew Gregory (Gran Bretaña, 1984). Obra suya aparece en las compilaciones Best British Poetry (2011) y Dear World & Everyone in It (2013). En 2010 recibió el Eric Gregory Award. Tuitea como @sadpterodactyl.

Jack Underwood (Gran Bretaña, 1984) es autor del libro Happiness (Faber & Faber, 2015). Co-edita la antología en serie Stop Sharpening Your Own Knives, y escribe para Poetry London y la Poetry Review. Tuitea como @underwood_jack.

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martin rangel

CABALLO. Jack Underwood.

Tu caballo

llegó y ahora fuerza su cuerpo hacia al interior del cuarto,

replegando las piernas. Toco su nariz con mis nudillos

y me recuerda al brazo de una silla.

Habla bajo pero firme,

volteando un ojo hacia su cerebro de nuez.

Palabras de hombre trepan por su larga garganta.

Le muestro dónde está el baño.

Parece avergonzado. Enseguida se pone a mirar

tu álbum de fotos.

Hay más como yo, que como él.

Masticamos juntos pastillas de menta

y recordamos el modo en que tu cuerpo solía moverse.

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martin rangel

PEQUEÑO PTERODÁCTILO. Matthew Gregory.

Por poco no lo vemos, cubierto con sus propias alas,

sobre el camino, bajo las hojas enmohecidas.

No lo toques. Morirá si lo descubrimos te dije,

pero en lugar de eso lo envolviste con tu jumper

y lo sostuviste entre tus brazos.

Nos lo llevamos, saco de ángulos y nervios, a casa.

Alguien pudo habernos visto. No lo sé.

Su pico era un diente de huevo embotado. Las patas (gomosas)

enroscadas hacia adentro, como si fuera un bebé.

Fue algo nuevo para nosotros.

No dormí esa noche. Cuánta desesperanza

en esos ojos: dos enormes preguntas incrustadas en el rostro.

Le construí una casa, martillando cada clavo

con la promesa de dejarlo ir

cuando llegara el tiempo.

La mañana siguiente lo sostuve, agitándose entre mis brazos

como un paño de cocina, mientras tú le ofrecías trocitos de filete.

No se los comió. Su pico se mantuvo inmóvil

durante una noche y un día enteros.

Nos preocupamos.

Eventualmente recobró calor, se levantó y comenzó a dar tumbos.

¿Había algo más infantil que aquel

pequeño pájaro de hueso, juguete de piernas chuecas

que mantuvimos cautivo

sólo por diversión?

Lo amamos con los ojos cerrados; simplemente y demasiado.

Ahora es más grande que nosotros y,

cada vez que despierta, se nos tensan las manos.

Esta noche es enorme como un capricho

dormido sobre nuestras cabezas.

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