Sospechosismo

 

La palabra se la escuché a un prominente político (¿se podrá catalogar con ese adjetivo a algún practicante de dicho oficio?) panista. Es una palabra curiosa, probablemente sea inventada, y sin embargo, describe perfectamente bien una de las peores características que hacen del mexicano lo que es.
 
Hace no muchas semanas, el América debía ganarle a Pumas (superlíder hasta esa última jornada del torneo) en C.U. para entrar a la liguilla. Sucedió y de inmediato comenzó a girar la maquinaria sospechosista. En pleno ardor muchos, muchísimos dijeron que era un partido arreglado. Obviamente, como suele suceder, nadie aportó pruebas que sostuvieran semejante acusación. Simplemente hablan porque tienen boca e inundan las redes sociales con teorías de conspiraciones ridículas porque tienen Internet. Estos sospechonistas son auspiciados por gente estúpida, con “derecho” al  micrófono, como José Ramón Fernández y David Faitelson, ambos llenos de una irresponsable sed de puntos de rating. Pero es fútbol y en verdad, no pasa tanto.
 
En México, el problema es que el sospechosismo ha cobrado tintes de alarma. Más tardó en difundirse la noticia de la muerte de Osama Bin Laden, que el imaginario colectivo en indicar que se tratata de una cortina de humo mundial, creada para tapar hechos verdaderamente relevantes y nefastos, que sucederían en horas o días posteriores a semejante anuncio. Por supuesto, aquí seguimos, no ha pasado nada grave (el aumento a la gasolina ha sucedido cada mes desde hace mucho tiempo) y hoy ya nadie parece recordar la gran catástrofe mundial que en teoría debía suceder.
 
Yo ya me cansé de esto. Hace algunos días, mientras esperaba el cambio de luz en un semáforo cualquiera, un anuncio en una barda me despertó. Si mal no recuerdo lo anunciado era un libro, pero lo que me pareció realmente relevante, fue la frase que usaron los publicistas para atrapar la atención de la gente: “Estamos como estamos porque somos como somos”. La frase es tan sencilla y aparentemente estúpida que se queda en la mente irremediablemente. Lo peor es que es absolutamente cierta. Somos un país en el cual la educación es la última de las prioridades de los gobiernos, aunque se empeñen en decir lo contrario. Somos un país en el cual la gente prefiere la historia en versión telenovela que en un libro. Somos parte de una cultura donde es más fácil buscar la culpa en otras partes, antes que aceptar la propia. Somos un pueblo más bien flojo, en el cual abunda la idea de no hacer nada, pero sí de exigir condiciones de vida favorable.
 
Preferimos creer que el PRI es la solución a nuestros problemas porque “más vale malo por conocido que bueno por conocer”. Somos un pueblo en el cual, muchísimas (y esto es alarmante) personas creen que deben votar por Enrique Peña Nieto “porque está guapo”. Somos un país que sigue la boda real en el Reino Unido como si fuera realmente relevante, que acude en cantidades multitudinarias a “recordar” a un Papa muerto, pero que al mismo tiempo cree que el gobierno está nomás buscando alguna cortina de humo para lastimar a su gente.
 
Todo mundo se quejó de la cobertura mediática de la dichosa boda real, pero al mismo tiempo todos la vieron. Todos se quejan y se asustan del culto a la Santa Muerte, pero todos celebran cada día 28 de octubre como si en ello les fuera la vida. Todos querían estar en el Estadio Azteca para ver a U2, aunque no sepan ni una canción de la banda, no entiendan su mensaje político (bastante errático, pero mensaje al fin) y finalmente todos quieren al ejército fuera de las calles, aunque no tengan respuesta alguna cuando se les pide alguna opción alternativa.
 
Sí, estamos como estamos porque somos como somos. México es un país que perdió la brújula hace algún tiempo y tristemente nadie ha podido enderezar el barco. Me cuesta bastante trabajo pensar en políticos decentes, pero me queda claro también que algunos habrá. Si vivimos todos los días con la sospecha de que el mundo entero está en nuestra contra, no vamos a llegar a ningún lado.
 
Desde este espacio, yo pediría que cambiemos la actitud sospechosista por una más activa y participativa. Ya estuvo bueno de decir que, en el mundo del futbol, México no juega el famoso quinto partido por culpa de los federativos. O qué ¿cómo es que Rafa Márquez puede ser totalmente irresponsable en cada ocasión que juega con la Selección Nacional y salirse con la suya? Ya estuvo bueno de tener intocables en cada sector de la sociedad. Así como todos levantamos la mano para agredir gobiernos y gobernantes por ineptos, burros y demás calificativos, también debemos hacerlo en otros sectores que se han vuelto intocables. La Iglesia Católica y su incesante necedad de meterse en donde la Constitución se lo prohíbe, Televisa y su falta de responsabilidad social, TV Azteca y sus actitudes porriles como la del Chiquihuite, la patética prensa que tenemos… Todos son pequeños males que nos llevan a no crecer. Todos son males que se pueden corregir si queremos hacerlo. O tal vez no y el sospechosista soy yo.
 
 
TXT:: Chico Migraña 
 

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