Saben que soy gay, ¿no?

 

Cada vez es más común que las compañías disqueras, managers y publirrelacionistas se sientan con la libertad de decirte qué preguntar y qué no. Como si los periodistas fuéramos sus secretarias para tomarles dictado y estar al servicio de sus intereses, promoviendo con nuestra pluma lo que ellos quieran. Como si por otorgarnos una entrevista nos hicieran un favor.

Sin embargo, la mayoría de las veces los músicos ignoran y pasan por alto las instrucciones que sus empleados –porque eso son los managers, disqueros y publirrelacionistas, aunque les duela– giran a la prensa.

En octubre de 2001, Elton John visitó la Ciudad de México, como parte de la gira de promoción del disco Songs from the West Coast. El músico ofreció dos conciertos en el Auditorio Nacional, pero antes su compañía disquera organizó una conferencia de prensa en un hotel de Polanco. Ahí, su label manager (algo así como su gerente en México) nos advirtió a los presentes que bajo ninguna circunstancia le preguntáramos a Elton nada relacionado con su sexualidad, porque de lo contrario “se pondría de pie y daría por terminada la conferencia”.

Cuando apenas se habían realizado un par de interrogantes, ya ni siquiera recuerdo cuál fue la pregunta pero no tenía nada que ver con las preferencias amatorias del inglés, solito nos dijo: “es muy complicado, porque soy gay… Bueno, ¿todos aquí saben que soy gay, verdad? Porque lo soy”.
El activista social Jack Weinberg ­–en la década de los 60– pronunció “no confíes en nadie de más de 30 años”. Yo, como periodista, no confío en nadie que trabaje en la industria musical, tenga la edad que tenga y siempre pregunto lo que se me me da la gana.