La música en los tiempos del featuring

 Por Arturo J. Flores

 

Lo dije una vez de broma pero creo que no me equivoqué. ¿Existe algún hit de Pitbull que sólo sea de Pitbull? Porque hasta donde la memoria me alcanza –tampoco es que sea un entusiasta seguidor del puertorriqueño– en cada uno de sus sencillos aparece una súper estrella. Desde Ricky Martin, J-Lo, Chris Brown, Usher, Sean Paul, Christina Aguilera, Shakira y Jason Derulo, hasta los pingüinos de la película “Madagascar”.

No por nada es uno de los artistas escuchados con mayor regularidad alrededor del mundo. Más de 12 millones de oyentes mensuales, de acuerdo con Spotify. El nada despreciable número 48 del planeta, según la plataforma.

Lo que Armando Christian Pérez puso en práctica es un principio establecido por el estratega chino Sun Tzu: “Los buenos guerreros hacen que los adversarios vengan a ellos”. Porque si en el pasado la industria musical echaba a pelear a los grupos y solistas en la arena de la popularidad, hoy en día descubrió que las colaboraciones entre ellos resultan mucho más rentables.

Son ya pocos los que se dan el lujo de caminar a solas. Casi es un requisito contar con un invitado en cada sencillo que se lanza. Sobre todo en los terrenos del hip hop, el R&B y el pop, que como sabemos se encuentran entre los géneros más escuchados.

La semana Spotify emitió un boletín que establecía un panorama acerca de lo más escuchado en México. El número uno lo ocupaba indiscutiblemente Drake, quien arrasó con la canción más escuchada: “One Dance”, junto a WizKid y Kyla. Shazam también documenta semana a semana las canciones más buscadas a través de la app. En los primeros lugares destacan varios “featuring”. Desde Black Beatles, de Rae Sremmurd con Gucci Mane; Rockabye, de Clean Bandit con Sean Paul y Anne Marie; Starboy, de The Weekend y Daft Punk, hasta Safari, de J Balvin con Bia, Pharell Williams y Sky.

 

 

El featuring no es nada nuevo. La práctica es casi tan antigua como la industria misma. Sólo que hoy parece recurrirse a ella con mucho más regularidad. Es casi la regla. Pocos son los músicos que lanzan un disco o un single sin echar mano de algún amigo o, en la mayoría de los casos, alguien desconocido a quien su compañía les “sugirió” en calidad de obligatorio.

Porque la fama es contagiosa y los públicos intercambiables. Es innegable que la participación de Bunbury en el unplugged de Zoé en 2011 tenía como objetivo introducir a los mexicanos en audiencias españolas. Igualmente los ya dos discos de Los Ángeles Azules acompañados de poperos, rockers y artistas extranjeros en el planeta de la cumbia, los han puesto de moda en un universo que en sus natales ochenta les hubiera parecido impensable.

 

 

Incluso los mashups entre Aerosmith y Run DMC con Walk this way, y Anthrax con Public Enemy en Bring the noise tuvieron consecuencias mucho más interesantes en la historia de la música. Sentaron los precedentes de un género que habría de empapar los oídos de inicios de los 90: el rap metal.

 

 

Dos principios regulan la industria de la música popular en la actualidad. Uno de ellos es que el consumidor está muy poco dispuesto a pagar por ella. Y el segundo regulador establece que en vez de discos completos, es mucho más sencillo vender canciones sueltas. De ahí que el featuring represente un “cruce de contenidos” muy provechoso. La canción representará una herramienta de promoción para los involucrados en ella. Tanto juntos como por separado. Todo se vale cuando se lucha por sobrevivir.

El punto negativo en esta práctica, creo, es que cualquier idea brillante pierde su novedad cuando se le repite hasta la náusea. Incluso se vuelve contra uno. De tanto hacer colaboraciones llegará el día en que un canción sin ellas deje de llamarla atención. Así de caprichosa es la industria.

Hago un recuento y se me vienen a la cabeza colaboraciones memorables. Under pressure, de Queen y David Bowie; Morrissey y Siouxsie en Interlude; Madonna y Britney (no por lo que están pensando) con Me against the music y Soda Stereo y Andrea Echeverri con En la ciudad de la furia. Incluso el de Rihanna con Drake (but of course) en Work o el de Somebody That I used to Love, de Gotye y Kimbra, me parece, tardarán mucho en olvidarse y poco a poco serán considerados nuevos clásicos de la música.

 

 

Por la estatura de los involucrados, la calidad de la canción, el momento en que fue lanzados, las escenas que musicalizó o la cantidad de gente que se enganchó de ellas, los duetos, tercetos y mezcolanzas varias tienen un punto a su favor.

Pero, he pensado, ¿nos llamaría tanto la atención un eclipse de sol si sucediera todos los días?

Aquí uno de mis favoritos de todos los tiempos:

 

 

 

 

 

 

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