Y… ¿qué tal está Trainspotting 2?

TXT: Toño Quintanar

A pesar de que el cine es la más joven de las Bellas Artes, su historia se ha visto caracterizada por una precoz evolución la cual corre a la par del surgimiento de nuevas posibilidades técnicas y estéticas.

El surgimiento de grandes fenómenos paradigmáticos como el formato sonoro y el color en el celuloide son las muestras más identificables de dicho asunto.

Por lo tanto, tratar de comparar de manera formal y restrictiva dos cintas que tienen 20 años de distancia entre sí sería algo tan ridículo como tratar de confrontar una pintura renacentista con otra perteneciente a cualquier vanguardia del Siglo XX.

TrainsPotting 2 es un trabajo que, a pesar de tratarse de la secuela de una de las cintas más emblemáticas de la cultura popular actual, debe de juzgarse como una pieza independiente, que se ve intervenida por una infinidad de fenómenos y esteticismos que son propios de esta era.

Sí, muy probablemente el discurso de esta nueva entrega resulta un tanto más “bobalicón” que el de su antecesora, pero debemos de tomar en cuenta que Danny Boyle no está intentando de eclipsar a su trabajo de 1996, sino que más bien ostenta la misión de ofrecernos un monumento final a ese insólito fenómeno que es Trainspotting.

Sin embargo, vista desde una perspectiva independiente y libre de sesgos, no cabe duda de que esta nueva continuación es una producción la cual nos ofrece un despliegue pictórico y argumental verdaderamente encantador.

Uno de los aspectos más intrigantes de este nuevo capítulo es la revaloración iconográfica que hace de su antecesora; fenómeno en el que interviene un uso formidable del flashback el cual logra conectar los rasgos visuales de ambas obras con el fin de ofrecernos una contraposición semántica tajantemente conmovedora.

Asunto al que se suma el hecho de que Boyle se desentendió de forma casi olímpica del argumento original de la obra literaria Porno con el fin de hilvanar un relato sumamente íntimo que, mediante metáforas audiovisuales, rescata algunas de las características psíquicas más increíbles del universo creado por Irvine Welsh.

Ya puedo ver a toda una legión de fanáticos acérrimos e intolerantes (“niños rata hipsters”) pegando el grito en el cielo después de ver la tan esperada continuación de este clásico de todos los tiempos. Y sí, muy probablemente tengan derecho a hacerlo; sin embargo, no podemos olvidar que el tiempo no pasa en vano. Los formatos artísticos evolucionan (no siempre para bien) y las circunstancias históricas –elemento que influye de manera decisiva en la mitificación de un determinado filme- cambian a la menor provocación.

Independientemente de si logró satisfacer las expectativas de todos nosotros, no cabe duda de que Trainspotting 2, sin pretender transformarse en otro hito del cine de culto, es una gran obra que ningún nostálgico de corazón debe de perderse.

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