10 cintas contemporáneas que dejan en claro que el blanco y negro es superior al color

TXT: Toño Quintanar

A pesar de que la invención del cine a color fue un suceso que vino a revolucionar de manera decisiva el arte audiovisual no cabe duda de que el blanco y negro es una plataforma la cual sigue sorprendiendo hasta nuestros días gracias a irreductible belleza pictórica y simbólica.

Dicho fenómeno ha dado como resultado que múltiples directores de la época contemporánea se animen a retomar el formato ausente de color con el fin de transformarlo en su estandarte esteticista por excelencia.

A continuación, te ofrecemos diez increíbles ejemplos de blanco y negro. 

10. Pi, el Orden del Caos. (Darren Aronofsky, 1998).

Desde su debut en las grandes ligas, el director de Requiem for a Dream (2000) y Blackswan (2010) dejó muy en claro que lo suyo era presentar historias cargadas de complejidades mentales. El ánimo de intriga que persiste a lo largo de esta joya protagonizada por Sean Gullette no sería el mismo sin esa bipolar paleta cromática que se torna un auténtico síntoma de desequilibrio.

9. La Haine. (Mathieu Kassovitz, 1995).

La rabia incendiaria y combativa es el principal motor de esta delirante producción en la que somos testigos de las progresiones existenciales de un grupo de amigos quienes se abren camino entre la violencia consustancial de los suburbios parisinos. El odio es un sentimiento sin color; su única vestimenta es una guerra de contrastes donde la luz lucha perpetuamente por mantener a raya a la obscuridad.

8. Begotten. (Edmund Ellias Mergige, 1991).

En una cinta de terror experimental, (una forma práctica de definir el género de esta hermosa excentricidad) mucha veces importa más lo que creemos ver que lo que realmente ocurre en pantalla; misma ilusión que encuentra en las formas crípticas y subliminales del blanco y negro a su aliado ideal. La ausencia de color hace de esta cinta un asunto inaprensible en el que el mundo de las pesadillas parece materializarse a ratos.

7. Persépolis. (Marjane Satrapi, 2007).

El arte minimalista siempre ha encontrado en el gris una de sus herramientas más plásticas y fieles. Esto debido a los juegos conceptuales e iconográficos que la ausencia de color permite. Es así como la legendaria novela gráfica de Satrapi (codificada en un blanco y negro que nos remite a obras como Maus, de Art Spiegelman) se ve trasladada sin miramientos a un formato fílmico el cual se transforma en estandarte de belleza y rebelión.

6. Control. (Anton Corbjin, 2007).

Difícilmente podríamos encontrar un formato estilísitico más apropiado para retratar la vida del trágico Ian Curtis que una poética ausencia de color donde las sombras (muerte) y las luces (vida) se ven ensimismadas en una discusión sin cuartel. La depresión y los dolores existenciales se vuelven palpables gracias a los rigores pictóricos de una fotografía que parece trazada con carboncillo.

5. Coffee and Cigarettes. (Jim Jarmusch, 2003).

Las conversaciones filosóficas siempre con mejores si están acompañadas de cafeína y nicotina; sin embargo, cuando la influencia casi sobrenatural del celuloide en blanco y negro también se encuentra dentro de la ecuación, nos encontramos con portentos verdaderamente alucinantes. Con el fin de presentarnos uno de sus experimentos más sugerentes, Jarmusch se olvida del color y nos sumerge en un mundo de tinieblas.

4. Raging Bull. (Martin Scorsese, 1980).

El director de Taxi Driver (1976) y Goodfellas (1990) hace gala de sus capacidades creadoras más esteticistas con el fin de retratar la apasionante vida del boxeador norteamericano Giacobbe “Jake” LaMotta. Los rasgos tremendistas tan propios de la estética de Scorsese alcanzan un refinamiento verdaderamente ensordecedor donde la obscuridad se torna un síntoma inmediato de profundidad psicológica y dramática.

3. Sin City. (Robert Rodriguez, 2005).

¿Qué sería del género noir sin las auras misteriosas que el formato del blanco y negro es capaz de propiciar? Preocupado por traducir de manera absolutamente legible la obra maestra de Fran Miller al formato audiovisual, Robert Rodriguez despliega un desfile de sombras que hacen que el espectador se sienta transportado de manera irreductible a las calles de Basin City.

2. Eraserhead. (David Lynch, 1977).

El formato en blanco y negro tiene una larguísima tradición dentro de aquellas cintas las cuales, mediante una atmósfera inquietante y siniestra, pretenden sumergirnos en los rincones más transgresores de la psique humana. Claro ejemplo de dicho asunto es la inmortal El Gabinete del Doctor Caligari (1920). La ópera primea de Lynch es una obra maestra la cual retoma dichas inquietudes artísticas para darles nueva vigencia y legitimidad.

1. Rumble Fish. (Francis Ford Coppola, 1983).

El hombre responsable de dirigir The Godfather  (1972) nos ofrece una preciosista obra de arte donde los ambientes urbanos y pandilleriles adquieren un matiz cuasi místico. La metáfora visual que persiste a lo largo de esta cinta alcanza su punto cumbre cuando somos testigos de la fugaz pero intensa aparición de un par de peces de color los cuales hacen de esta producción todo un experimento expresionista.

 

Notas Relacionadas