Las 10 escenas más aterradoras del cine de Stephen King (segunda parte)

TXT: Toño Quintanar

“Extraterrestres”. Dreamcatcher.

La historia del cine está repleta de extraterrestres malos hasta el hueso, pero éste rompe el molde. Relacionada de forma ambigua con It, esta cinta narra las aventuras de un grupo de amigos quienes, durante su infancia, entablan amistad con un ente mágico quien les entrega ciertos poderes espirituales; mimo dones que, en una etapa adulta, les servirán para hacer frente a una descomunal invasión alienígena.

“Transformación”. Silver Bullet.

Silver Bullet es la adaptación fílmica de una de las novelas cortas menos conocidas de King: El Ciclo del Hombre Lobo. Como te podrás imaginar por el nombre, este texto narra las andanzas de un licántropo quien atemoriza a un pueblito norteamericano. Las cosas pronto se tornan aún más retorcidas cuando nuestro protagonista (un chico inválido) descubre que el monstruo no es otro sino que el párroco de la localidad. La siguiente es una de las secuencias más geniales de la cinta.

“El tren”. Stand by Me.

Por supuesto, no todas las grandes escenas fílmicas que se desprenden de la obra de Stephen King requieren de elementos sobrenaturales para brindarnos una desmedida dosis de emoción e intensidad. Prueba de ello es esta escena cargada de suspenso en la que vemos a una pandilla de muchachillos proto-Stranger Things correr por sus vidas.

“La alcantarilla”. It.

No cabe duda de que esta escena significó la muerte de la inocencia para toda una generación; mismo fenómeno en el que tiene mucho que ver esa triste noción que indica que la infancia no es sinónimo de ningún tipo de inmunidad. Sólo hizo falta la aparición de un Tim Curry ensimismado en el papel de su vida para que la reputación de todos los payasitos del mundo se viera mutilada de tajo igual que el brazo del pobre Georgie.

“Deporte Sangriento”. Carrie.

Pocas escenas cuentan con una perfección descriptiva tan pausadamente sensacional como esta joya en la que una enfurecida Carrieta White finalmente alcanza ese límite en el que no existen ni la piedad ni el remordimiento. Múltiples rasgos estéticos (la caracterización de Sissy Spaceck es escalofriante) se funden con el fin de hilvanar una ecuación terrorífica sumamente intensa.

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