Placeres Extraños: Capítulo 05

Placeres extraños es una novela colectiva que nació de la mente de Fabían Zugaide. Inicialmente, la idea era publicarla como un especial para un número impreso de la Revista Freim, pero después de un tiempo se moldeó para vivir digitalmente y en diferentes lugares. Como todos sabemos, vivimos en una era en la que la colaboración creativa es de extrema importancia para llevar a cabo nuevos proyectos. Fabían invitó a 5 escritores a complementar la historia que él inició. Son 6 capítulos que hablan de placeres extraños, como la obsesión por un pedo y sus beneficios sexuales. Cada capítulo será publicado en un medio distinto y en Marvin nos toca publicar la parte #5, que si bien funciona como cuento por sí mismo es la quinta parte de esta oda a las flatulencias.

Placeres extraños es un experimento que merece atención por su formato de creación y publicación.

Lee los capítulos anteriores y el V enseguida.
Capítulo 01: Freim
http://www.freim.tv/placeres-extranos-novela-colectiva/
Capítulo 02: Apolorama http://www.apolorama.com/2015/07/placeres-extranos/
Capítulo 03: S1ngular https://www.s1ngular.com/placeres-extranos-novela-colectiva-capitulo-03/
Capítulo 04: Testigos Modestos http://www.testigosmodestos.com/placeres-extranos-capitulo-cuatro/

 

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V

por Alan Abarca

La muy cabrona sólo me dejó un pinche recado: “Me voy a Cancún con Gaby, ya no soporto la rutina contigo. Discúlpame. Sylvia”. Le doy un trago al whisky, me quema la garganta; necesito conseguir algo de mejor calidad. Sí, como esa morenita de ayer. No, no es la cubana por la que Silvia cree que la sustituí. Ingenua, creía que sólo podía estar con una vieja a la vez.

No le pregunté su nombre. Terminamos de tocar en ese bar que muy poca gente conoce, desmantelamos el equipo y bajamos del escenario. Mientras guardaba los cables en la maleta, obviamente yo un poco empinado, sentí que algo rozaba mis nalgas. Al enderezarme observé cómo ella se alejaba moviendo la cadera y volteaba por encima del hombro. Algo me decía que con ella podría jugar con mis gustos… “desviados”, por qué no.

Me acerqué a ella, le invité un trago y ella aceptó. Después de platicar sobre banalidades de la vida; entre que si el tipo de música no le gustaba pero el ambiente sí, que si el lugar con el paso de las horas perdía “categoría”, la llevé a casa, ya que Sylvia dijo que estaría fuera toda la noche.

No necesito explicar todas aquellas cosas que hicimos en la sala, en la cocina, en el baño, en el cuarto. Sin embargo, pasó algo que me dejó un poco helado porque no sé si lo disfrute o me disgustó.

Estaba yo encima de ella, desnudos, oliendo nuestros pedos, cuando me ordenó que trabajara y jugara con mi lengua en su conchita. Nos acomodamos en el ya tan famoso 69 para que me la pudiera chupar al mismo tiempo y oliera sin dificultad aquellos gases que desprendía por la comida. Cuando pasó…eso. Nuevamente me da escalofrío, pero hace que se me ponga dura mi verga.

Estaba yo bastante concentrado por chupársela y se retorciera de placer, cuando de reojo observé cómo se llevaba el dedo índice de su mano izquierda a su boca, lo lamía y remojaba, mientras que con la otra me masturbaba. Creí, ingenuamente, que llevaría el dedo húmedo a su clítoris, para aumentar el calor, cuando sentí cómo algo quería entrar por mi ano. Me enderecé para observar mejor y mi ano dejó de ser virgen. Al principio me incomodó mucho la sensación hasta que detuvo su dedo quién sabe dónde, pero sentía cómo mi verga aumentaba de tamaño. Aunque no era lo mismo, recordaba el contacto frío del hielo con el ano caliente de Sylvia. Un escalofrío me recorrió de cabeza a pies y de nuevo la morena me la chupaba. No sé qué estaba haciendo con su dedo que yo me retorcía, jadeaba y mordía la cobija. ¿No es el culo por donde se cogen a los putitos? ¿me estaré volviendo marica?, las preguntas rondaban en mi cabeza. No lo creía, porque ella sabía lo que hacía, además ya me la había cogido unas tantas veces. Saqué su dedo lentamente para no lastimarme, de nuevo lo lamió, me puse entre sus piernas y se la dejé ir. Era la primera vez que sentía que mi verga explotaba y de hecho así fue. Tenia ya varios años que al terminar no me zumbaban los oídos ni se me nublaba la vista. Lamí sus tetas y me pidió que le volviera a chupar su concha. Bajé, la observe, acerqué mi lengua a sabiendas que mis mecos estaban dentro de ella y comencé mi labor. No pasó mucho tiempo cuando escuché cuando sale un pedo.

-Ya sabes que me tienes que avisar, ¿por qué no me dijiste para voltearte y olerlo todo?

-Es que no salió por atrasito, sino por adelantito.

-¿Te tronaste un pedo por la concha?

-Así es, papi, pero no sé si se llamarlo así. ¿No sabías que por nuestra puchita también salen gases?

-No. Truénate otro, para saborearlo bien.

-Está bien, acércate bien y disfrútalo.

Acerqué mi nariz, lamí otro poco, observé cómo ella hacía un poco de mueca y volvió a sonar. Inhalé lo que supuse era la mezcla caliente de sangre, sudor y mis mecos. Acaba de descubrir algo mucho mejor que los pedos mismos, mi verga se endurecía mojándose y exigiendo volver a meterla. Otra vez grité como enfermo al cogérmela.

Minutos después, me quedé dormido con mi nariz dentro de su puchita, como ella la llama, por si se tronaba otro.

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