Esta canción me recuerda a mí: una novela indie sobre el pánico ante los compromisos

Texto: Juan Carlos Hidalgo

¿A quién en su sano juicio se le ocurriría salir huyendo durante la luna de miel? ¿El matrimonio apenas iniciado puede provocar decisiones irracionales? ¿Por qué un tipo decide tirar su futuro por la borda e irse a pasar vacaciones acompañado del fracaso? Lo que aquí se demuestra es que los jóvenes adultos pueden encontrar una señal, por minúscula que sea, para intentar escapar y mostrarse aterrados ante las embestidas furiosas de la vida. ¡Y eso que corrían los años noventa en esta historia!

El protagonista de esta novela estudió letras en la Universidad de Massachusetts, tiene una muy incipiente carrera como parte de un dueto de folk rock y una novia de clase acomodada que se está abriendo una exitosa carrera en el mundo editorial de Nueva York. La irá a alcanzar a la gran ciudad y seguirá el romance hasta dejarla plantada en un hotel de Gramercy Park tan sólo con una nota que dice: -lo siento-.

En plena escapada, el tipo llega hasta Cape Cod, un diminuto pueblito de Massachusetts (al que Vampire Weekend coloca en el título de una de sus canciones más famosas) en el que tiene un pasado familiar y en el que su cuñado (también recién divorciado) le presta una casa para pasar sus días de soledad y replanteamiento personal. Pero aún en ese pueblo quieto le van surgiendo cosas que modifican sus intenciones de simplemente no hacer nada.

A cambio de darle alojamiento, el cuñado pone a su cuidado a su pequeño sobrino (sin que la madre lo sepa) y la relación con el niño ablanda su arisco posicionamiento ante la paternidad. Luego conoce a una mujer dedicada a la bebida y poseída por una infinita tristeza. Juntos emprenden la realización de un documental dedicado a la muerte del hijo de la chica en un accidente de lancha cuando tenía tres años. La soledad y el deseo de un poco de afecto terminarán por entreverarse.

Aquel sitio frío y gris a la orilla del mar le da un acento a un panorama bucólico y apesadumbrado. Así es como van apareciendo postales de una austera belleza y el monólogo interior de alguien que está extraviado hasta de sí mismo. Desde ahí va desgranando la reconstrucción de aquella relación que llenaba su existencia y a la que tuvo un miedo atroz.

Como si fuera una canción triste, Joe Pernice –músico de larga trayectoria- traslada el universo narrativo de sus composiciones y cuenta una historia que obtiene los mejores réditos del costumbrismo y que ahora se lee también con una gozosa nostalgia por aquella década conquistada por la Nación alternativa y el estallido del grunge. De hecho, consigue entregar un demo a una chica de relaciones públicas de Sub Pop, la disquera más anhelada, que les contestan con una carta en clave totalmente anarquista y desilusionante.

Volvemos en el tiempo; ¡Cómo se echa de menos cuando se fumaba en bares y cafeterías! ¡Cómo se echa de menos escuchar álbumes enteros! Ahí estamos –en el norte de los Estados Unidos- mirando a un tipo que se mueve en una bicicleta para niño y que va a la gasolinería para encontrar un teléfono de monedas -¡Una tarjeta con crédito para llamadas es una gran novedad!-. No hay ahí todavía lugar para los teléfonos celulares y reina la tranquilidad de una fantasmal zona turística en temporada baja. En medio de una calma pasmosa un puñado de gente devastada por la existencia intenta reconstruirse tan lentamente que casi ni se dan cuenta.

Esta canción me recuerda a mí (publicada magníficamente por Blackie Books) no posee una trama demasiado compleja, pero se convierte sumamente entrañable al remontarnos a la época y también al dejarnos llevar por su espléndida música de fondo. Uno no puede desconfiar cuando suenan Pavement, Lemonheads y un disco completo de Nick Drake. También está ahí Lou Barlow –ya fuera de Dinosaur Jr.- recordando a sus conocidos del pueblo antes de dar un concierto acústico. La banda sonora que Pernice preparó se encuentra en Spotify bajo el título original: It feel So Good When I Stop.

Con una larguísima carrera en la escena del indie norteamericano, Joe ha utilizado muchos de sus propios recuerdos para sazonar un retablo de devastación sentimental. Contrastan el mundo rudo y limitado del cuñado con la bohemia universitaria en la que el protagonista se encontraba antes de trabajar una temporada como mesero –no tenía demasiadas opciones profesionales-. De golpe nos remontamos a los tiempos de la Generación X.

Si de algo sabe esta novela es de las grandes decepciones y del pánico inmenso que provocan las responsabilidades. Deja en claro que cualquiera se puede arrojar al precipicio a las primeras de cambio y luego preocuparse por la dificultad de reinventarse. Tal pareciera que estamos dentro de ‘Crestfallen’, una de las mejores canciones de Pernice Brothers y que venía en el excelente y premonitorio Overcome By Happiness de 1998: “Fui feliz viviendo una mentira, pensé que estaba bien / Y entonces se rompe sin avisar, es difícil leer su mente simple / Y me deja añorando algo que nunca encontraré”.

 

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