Adiós Father Murphy, celebrando la muerte y esperando la redención: Entrevista exclusiva con el dúo italiano.

TXT :: Sebastián Franco

En la década de 1910, el afamado y temido ocultista Aleister Crowley, viajó a Italia a comprar una abadía, con el único propósito de asentar como base su recién fundada secta Thelema en el poblado de Cefalú, Sicilia.

Dentro del predio se reunían seguidores del “mago” para llevar a acabo todo tipo de rituales, hasta que un día falleciera un integrante de la logia, debido a la intoxicación por agua contaminada.

El hecho causó tanto revuelo que, por presión social –y sobre todo religiosa- el entonces dictador y presidente de Italia, Benito Mussolini,  decidió inmediatamente expulsar del país a Crowley y sus seguidores; pero la abadía aún existe hoy en día y es punto turístico para personas interesadas en el mito; se conserva en mal estado pero quedan huellas de lo acontecido, como los frescos en las paredes que adornaban la casa…

Italia siempre ha sido un país místico, repleto de historias parecidas a esta, y donde muchos de esos actores dan paso movimientos contraculturales, pues dichas energías ocultas, reencarnan y son influencia directa para bandas posteriores. A eso mismo suena Father Murphy, a lo oculto, a un ritual o un proceso que involucra toda una ideología obscura, a la combinación sonora entre mito, razonamiento y emoción… alguna vez alguien dijo “suenan a Dante Aligieri”.

Una de las mejores bandas de los últimos ocho años, amados por Michael Gira (Swans), Jarboe, A Hawk And A Hawcksaw, o incluso Deerhoof. Father Murphy hizo de su obra lo que muchos quisieran,  y que pareciera imposible sonar a ellos mismos; a nadie más; lograr un sonido abismal, indescriptible, donde lo único parecido podría ser entrar esa abadía en Cefalú.

Después de una carrera de 14 años, la banda decide darle muerte al proyecto con un último álbum de estudio, Rising – A Requiem For Father Murphy, programado para el 20 de abril vía Avant! Records. Este material pone a fin a la banda y al sonido que concibieron que ellos mismo llamaran “el sentimiento católico de culpa”.

Está es una conversación exclusiva con Federico Zanata, de Father Murphy, sobre Rising y el final de la banda, su proceso de creativo, y los momentos más importantes de su camino:

Éste es el último álbum de Father Murphy, y como bien lo retrata el título, suena justo como una marcha fúnebre ¿Por qué tomaste la decisión de dejar ir al grupo?

RISING, relata la muerte deFather Murphy (a través de la escritura de un réquiem se pretende que sea una ofrenda para los muertos), y la muerte como concepto. La decisión de hacer de este álbum el último de la historia de FM, fue una decisión que se dio de una manera muy natural: pensamos que el mejor acercamiento a la muerte como concepto era tener presente que la banda también pasaría por un proceso de “muerte”. Desde que Father Murphy murió en la cruz, no nos quedaban más historias por contar, más que otorgarle al personaje una pieza fúnebre, así que decidimos “matar” a la banda de la misma forma. 

Siempre supimos que FM como banda era un proyecto con un principio y un final, pero eso era algo que continuamente nos cuestionábamos, es decir, como podríamos nosotros como miembros de FM, reconocer que estábamos por llegar al final, al vernos en ese momento.

Burroughs una vez escribió: “El viejo escritor no podría escribir más, al llegar al fin de las palabras”. Cuando FM murió, claramente llegamos al final de las palabras, de nuestros sonidos, de lo que podías expresar, al menos como banda.

Entonces ¿Está Father Murphy completamente muerto?

Sí.

¿De dónde nació la inspiración para el sonido de este réquiem, de este último viaje sonoro para la banda? 

RISING es la celebración de la vida como tal, y en este caso, el camino de Father Murphy (el del personaje y el de la banda).

Hoy en día, el contemplar la muerte (lo cual tratamos de imaginarnos, responder o encontrar algún significado de este misterio) es puramente considerado desagradable o incluso mórbido.  La sociedad moderna trata de forzar la idea de que la muerte se encuentra muy lejana, que es una especie de virus con el cual se tiene combatir, pero de nuevo, la muerte es inevitable.

El réquiem para nosotros es el momento de morir, una manera de recordar que la muerte no es lo opuesto a la vida, sino parte de la misma. Creo que es de donde proviene la inspiración para escribir este último álbum.

RISING podría ser la mejor forma de despedir a este siniestro padre, es oscuro, tenebroso, y en momentos, sobrecogedor ¿Cómo construye la estructura sonora del álbum?

La idea de trabajar en un réquiem era poder hacer más estrecha nuestra paleta sónica, con algunos instrumentos más que con otros, y que  relacionamos en este réquiem, como el uso de órganos, trombón, timbal, etc…

Con esto buscábamos expresar grandiosidad. Por eso, el decir que esto no es un réquiem “clásico”, pues no lo es, es un requiem de Father Murphy, y siempre nos ha gustado trabajar y coquetear con todo tipo de sonidos, hasta llegar al punto de no entender de dónde proviene la fuente original del sonido.

En este caso, volvimos a colaborar con Greg Saunier, el cual fue más extremo en expander nuestros filtros, sugerencias y alentar mucho más a la exploración sonora.

Como estructura, el formato de “requiem” proviene de códigos, tanto musicalmente (temas recurrentes, patrones, etc…) como en cuestión de las letras (número de sílabas, o un sistema de ritmo peculiar). Esto fue algo con lo que nunca antes habíamos trabajado. Por primera vez en nuestra carrera no teníamos la libertad de hacer lo que quisiéramos en el estudio.

Esto significaba un trabajo más extenso, porque queríamos atarnos al formato pero al mismo tiempo hacerlo a nuestra manera, así que, montamos las características básicas de “movimientos”, en los mismos dos ambientes, letra y música, pero reescribiendo todo a nuestra manera. De cierto modo este proceso limitó nuestras posibilidades pero también intensificó la esencia sonora de FM; por ejemplo, el uso de escribir en ritmos, nos forzaba a limitarnos a un cierto número de sílabas y usarlas para influir en la musicalidad del álbum, creando sucesiones y armonías por nosotros mismos, como si fueran muñecos de ventrílocuo con propia vida.

Tú álbum anterior, Croce, fue un gran álbum;  una excelente presentación de la “sicodelia oculta” de Italia, en el panorama Estadounidense. Con el pasar de los años ¿cómo luce la repercusión que tuvo Croce en la carrera de la banda?

Grabamos Croce en nuevo México con John Dieterich de Deerhoof, para nosotros fue un sueño vuelto realidad. Croce se lanzó después de que pasáramos 12 meses de gira, sin parar; el lanzamiento fue seguido de otros ciento y algo de shows. Pensábamos y sentíamos el desierto, mientras estábamos inmersos en el gigantesco estudio Red Woods, donde mezclamos el disco.

No podíamos pensar en mejor disquera que The Flenser de San Francisco para lanzar el álbum, y esto por muchas razones, ya que considerábamos un punto de quiebre en nuestro camino como banda que podría develar mucho más del proyecto.

¿Cuál considerarías el álbum más importante en la carrera de Father Murphy en cuanto a composición y sonido?

Cada álbum conlleva una historia detrás, y esa historia tiene cierto valor para nosotros, y una necesidad por contarla. Esto ha sido un viaje sonoro, y aunque nos tomó tiempo adentrarnos en nuestra idea de sonido y composición, cada disco posee una llave para entender nuestro camino. No soy un gran fan de mis años de adolescencia, pero sin esos años, no podría ser la persona que soy en el presente.

¿Cuál es el siguiente paso para Father Murphy y su marcha fúnebre?

Queremos celebrar la historia de Father Murphy con conciertos, como una manera de celebrar la vida, para después dejarlo descansar, y después nosotros buscar nuestro descanso.

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