A salvo en Nueva York, aunque frente a los muertos

#EnMisTiempos

Por Arturo J. Flores

Desde la ventana del departamento se ve un graffiti. En él se lee: “en memoria de los caídos el 12 de marzo de 2014, dedicado a los primeros defensores de Harlem del Este”. Googleo. Me entero que ese día hubo una explosión de gas. Justo enfrente del departamento donde duermo. 8 personas murieron, 74 resultaron heridas y dos edificios de 6 pisos en los que vivían familias mayoritariamente latinas se derrumbaron.

En su lugar quedó un hueco en la tierra.

El tren pasa cada dos o tres minutos. En las reseñas de Airbnb las personas que durmieron en este misma cama se quejan porque no las dejó descansar. Quizá se deba al cansancio extremo, o a que la CDMX es infinitamente más escandalosa, pero a mí ese ruido no me impidió caer rendido.

En El Barrio, porque así se le conoce a esta parte de Harlem habitada principalmente por inmigrantes, los grafitti poseen un aura ritual. Lejos de concebirse como una expresión vandálica, juegan el mismo papel que las veladoras que en México se colocan en los puntos donde un ciclista fue atropellado. Están ahí para recordarnos que las calles son salvajes y le pueden arrancar la vida a las personas.

El cafecito donde desayuno es atendido por un mexicano de voz ronca. Prepara quesadillas de carne deshebrada y órdenes de huevos estrellados con tocino para los trabajadores de la construcción de al lado. Donde otro graffiti grita en silencio: “Black lives matter”.

Los últimos días ha hecho frío, pero con misericordia. La temperatura sube hasta los 12 grados al mediodía y nos recibe cerca de los 2 en la madrugada, cuando volvemos al departamento caminando desde la estación del metro.

Han sido uno días fabulosos, yendo de Brooklyn a Times Square. Pasamos por donde solía estar la gigantesca Tower Records de la que sólo permanece el recuerdo de un tiempo donde la música se vendía en formatos para tocarse. Con las manos y con un aparato de sonido. Tampoco otras paradas interesantes para el viajero musical. El hotel Chelsea cerró. Adentro se quedaron los espectros de Sid Vicious y Nancy Spungen. También los de los Beatles compartiendo un cigarro de mariguana con Bob Dylan. Del CBGB sólo quedan el impreso de su nombre en las camisetas que venden en las tiendas de recuerdos.

Pero con todo ha sido un viaje espléndido. Siempre lo es.

Nueva York es la ciudad que le hace cosquillas al cielo en la barriga.

Desde la azotea del Top of the Rock donde los turistas nos amontonamos por la mejor selfie uno piensa en Alicia Keys: “Nueva York, selva de concreto, donde se hacen los sueños”.

Anoche vi una publicidad en el Metro. Un tipo de graffiti corporativo que decía: “Nueva York me hace sentir como una estrella de cine, hace que mi cartera se siena como un extra”.

Y cómo no, si una cerveza puede costar hasta 14 dólares.

Lo que más flota en esta calle son fantasmas. De una canción de los Ramones (“No más cuentos de hadas, porque tengo otras preocupaciones”), los Strokes (“Aquí, en las calles de las noches americanas, emergido de lo profundo del significado de la vida”) y de Taylor Swift (“Aquí todos quieren algo más, un sonido que no hayamos escuchado antes. Algo que dice: Bienvenidos a Nueva York”).

Ahí están los homeless que pasan la noche acurrucados en una esquina. Seres humanos que se sepultan voluntariamente para no estorbar. El caminante asiático que parece haber venido al mundo para llevarse la mayor cantidad de fotografías. Los paseantes de la 5th Ave. que salen a exhibir la perfección de sus cuerpos. Como estatuas talladas por Canova vestidas de Prada a la que la modernidad les colocó un vaso de Starbucks en la mano.

Me gusta volver de vez en cuando. Cuando el trabajo o las ofertas nos traen de regreso. De sus coladeras que humean rezuma también la música. Una canción de Anthrax o de Sean Combs. Incluso una de una agrupación de australianos retirados que nacieron a muchos kilómetros de Manhattan. Porque AC/DC dice algo que uno no entiende cuando duerme en un edificio idéntico al que voló hace cuatro años en medio de una explosión de gas.

“Hola nena, dame tu mano,

Echa un vistazo a los sitios más altos de la tierra,

No necesitas de un cohete o una limosina,

Vamos nena, que te haré cosas obscenas.

Me siento a salvo en Nueva York”.

Foto de portada por Michael Minn

#ENMISTIEMPOS – ALGORITMO DE MIERDA

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Related Posts