1, 2, 3, 4… Acrania

#SANGREDEMETAL

 POR LUIS JASSO

Soy culpable de muchas cosas en distintas etapas de mi vida, como haber sido rocker malinchista, aunque fuera poco tiempo, se pudiera achacar a un entorno cultural donde el malinchismo era normal y que tenía como 13 años. Soy culpable también de haberme espantado de que una banda de metal tocara en una rola un puente musical guapachoso (con congas y trompeta) y que el cantante cometiera el terrible pecado de decir. “¡sabor!”. Mea culpa, pero me arrepentí y corregí el camino. Incluso se lo he comentado a la banda en cuestión. Desde entonces, cuando recordé que por estigmas mentales no me gustaban las voces guturales y eso cambió hasta que escuché, de entre todas las posibilidades, a una banda progre en un concepto llamado Ayreon en el que la muerte, el personaje de la muerte aparece en voz de dos cantantes guturales, canta, y me encantó, desde entonces decidí no permitir que mis  chaquetas mentales intervengan en mi apreciación musical.

Ah sí, la banda en cuestión se llama Acrania. Y es que tuvieron el valor de romper esquemas y hacer tal cual lo que es premisa básica en el metal: haz lo que se te de la gana. Pero no sólo eso, lo hacen de maravilla. En mi estrechez mental, que por lo menos he reconocido ya y contra la cual trabajo casi diario, mezclar dos mundos que parecían antagónicos como lo son el death metal y la música afro caribeña era una mentada de madre. La primera vez que los vi en vivo esperaba con ansias el momento en el que incorporaran la trompeta o el sax o las congas para confirmar que eso era una aberración. Y sucedió. El problema es que yo estaba condicionado a que fuera una aberración y mi ego no me permitía aceptar que lo que escuché me gustó, y mucho, aunque Luis Oropeza dijera “sabor” mientras bailaba como se bailan las cumbias.

Sin pedirle permiso a nadie de la patrulla del true metal me permití tener mi propio punto de vista y entonces entendí a Acrania. TY me entendí a mi mismo también. Romper esquemas ha sido leitmotif toda la vida así que romper mi propio esquema era algo interesante. Así, lo primero que he entendido es que Acrania es una banda única. Lo que hacen musicalmente hablando es casi inédito, es tan poco común que no hay una escena del sub género que tocan y puesto contra la pared, diría que ni siquiera existe el sub género dentro del cual se puede encasillar al cuarteto integrado por Juan Carlos Chávez en la batería y percusiones, Luis Oropeza en la guitarra, voz y trompeta, César “Totoposte” Cortés en la guitarra líder y saxofón y Alberto Morales en el bajo.

Han tocado en Europa y se les han rendido a los pies. Sus discos se venden muy bien fuera de México y las reseñas no bajan de calificar a Acrania como una banda excelsa, única y altamente recomendable. ¿En México? Aquí la mayoría está aún muy clavada en las reglas no escritas de la policía metalera, y conste que arranqué este texto con una aceptación de que yo también fui seducido por ese lado oscuro de la anti actitud.

Todo aquél metalero que guste de escribir en su Facebook largos textos filosóficos sobre como su gusto musical no sólo se limita al metal, o que diga que es la persona más abierta y tolerante del mundo, debería darle una escuchada a Acrania. Y no se diga de los seguidores del rock progresivo: sí, la base del sonido de Acrania es el death metal, pero ese juego con tintes de jazz latino, huapango y sepa el diablo que no viste a la moda que tanta cosa más, seguro les va a sorprender.

Esta es una banda que no toca mucho porque vive dentro de la burbuja del estigma. Es decir, muchos promotores no le entran porque creen que su público no va a aceptar el concepto. Sin embargo hay guerras que se ganan con una sola bomba y otras que se ganan en la trinchera, en las que se avanza metro a metro aunque eso sí, cada espacio conquistado no se pierde nunca más. Así es Acrania: una vez que conquistan un fan no lo sueltan jamás, y no es coacción, sino enamoramiento. Tocan el 8 de junio en La Capilla de los Muertos, en Donceles. Vayan.

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